El Elche tiró de heróica para vencer al colista. El Xerez pisó el Martínez Valero casi sentenciado pero demostró sensaciones totalmente contrariadas una vez iniciado el encuentro. David Prieto lo demostró adelantando a los visitantes tras rematar un lanzamiento de falta. Xumetra acudió al rescate en la segunda parte con una obra de arte, y Albacar en el 86′ agarró los tres puntos para el líder después de transformar un penalti polémico que desató la euforia en el feudo ilicitano y la impotencia en el lado rival, que acabó con David Prieto, Álvaro Rey y Mendoza expulsados.
José Soler Amorós I NOSTRESPORT.COM
El Elche tiró de heróica para vencer al colista. El Xerez pisó el Martínez Valero casi sentenciado pero demostró sensaciones totalmente contrariadas una vez iniciado el encuentro. David Prieto lo demostró adelantando a los visitantes tras rematar un lanzamiento de falta. Xumetra acudió al rescate en la segunda parte con una obra de arte, y Albacar en el 86 agarraba los tres puntos para el líder después de transformar un penalti polémico que desató la euforia en el feudo ilicitano y la impotencia en el lado rival, que acabó con David Prieto, Álvaro Rey y Mendoza expulsados.
Estadio de Primera. Casi 24 mil espectadores adornaban junto al sol de la ciudad ilicitana las gradas del Martínez Valero. Carles Gil y Mantecón se unían a la que presagiaba ser una fiesta para el líder. Pero iniciado el partido, el cuadro dirigido por Juan Carlos Ríos destrozaba todos los pronósticos, haciendo circular el cuero con criterio e inquietando los dominios de Manu Herrera.
El Elche saltó dormido, quizá sorprendido por el juego de un rival que demostraba ser más equipo que lo que la clasificación reflejaba. Con prontitud, David Prieto voló sobre la zaga franjiverde en una falta y silenció al estadio con un preciso cabezazo fuera del alcance de Manu Herrera.
La sorpresa estallaba y al cuadro de Fran Escribà le costaba mucho reaccionar. Una línea de cinco por delante de la zaga imposibilitaba la participación habitual de los peloteros del Elche. Y es que el Xerez, además de mostrarse sólido en defensa, llegaba con peligro al área local. Álvaro Rey lo demostró a cinco minutos para el descanso estrellando en el larguero un gran tiro desde la frontal.
Los ilicitanos se mostraban impotentes ante el gran despliegue defensivo y los numerosos parones que las dolencias rivales provocaban. Ángel y Xumetra pudieron empatar al borde del descanso, pero Chema desbarató ambas acciones con meritorias intervenciones.
Tocaba intentar la remontada a la vuelta de vestuarios. Los ilicitanos se volcaban en el área azulona desde el primer minuto, aunque alcanzada la medialuna, las ideas de los atacantes desaparecían ante el excelente trabajo de David Prieto y Galán en defensa.
Xumetra, al rescate
Las exigencias sacrificaban a un desaparecido Ángel que dejaba su lugar a Berry Powel. Con el holandés en el campo, el Elche ganaba en el juego áereo, pero faltaba la velocidad y el desequilibrio. Xumetra se encargó de encontrar esa salida por el centro, donde rompió la primera línea defensiva con su zancada y limpió las redes visitantes con un trallazo que entró tras golpear en el palo.
La esperanza se reavivaba. El Martínez Valero se volcaba y Escribà introducía a Aarón por un Xumetra desgastado. Los huecos no aparecían cuando el líder más lo necesitaba, pero en una jugada de triangulaciones, Coro enganchaba un centro que repelía con la mano David Prieto. Corría el minuto 86 y el colegiado Lesma López, a instancias de su asistente, señaló el punto de penalti con la posterior expulsión del autor de la infracción. La gente vibraba, enloquecía. Las miradas atentas a la pierna izquierda de Edu Albacar, que se preparaba para lanzar. El tarraconense sumó su séptimo gol en Liga al engañar a Chema, y llevaba a las gradas un sentimiento magistral. El ascenso estaba cerca. 13 puntos a falta de ocho encuentros suponía un paso de gigante, una cifra casi imposible de alcanzar.
Remontada y expulsiones
Con el pitido final, el equipo anzaluz estalló de impotencia, ya que la pena máxima lo condenaba más aún hacia Segunda B. Para colmo, Mendoza se autoexpulsaba tras ir como loco en busca del árbitro, un acto que se sumó al de su compañero Álvaro Rey, que poco antes había propinado durante el partido una patada antideportiva a Carles Gil.
Pero lo que realmente importaba estaba en las gradas y en el circulo central, donde jugadores y afición se aliaban para celebrar un triunfo vital de cara al ascenso.