El C.D. Castellón le dio la vida y le segó la vida al Cádiz en su propio estadio. Aunque por el enunciado presentado lo pueda parecer no se trata de un contrasentido. Es la explicación pura y llana partiendo de las vicisitudes que caracterizaron la disputa del compromiso de Liga dirimido esta tarde sobre el feudo del Ramón de Carranza.
Nació la confrontación marcada por el gen de la tragedia tras el tempranero gol marcado por Gustavo López. Pese al cambio de planes, apenas iniciado el duelo, el bloque albinegro no perdió la serenidad y recuperó su rol como comandante en jefe del enfrentamiento. El balón y la convicción eran propiedad privada de la escuadra de La Plana. Con aplomo y distinción fue arrinconando al Cádiz y replegándolo sobre su área. Fue una labor compleja en la que se engrandeció la pequeña figura de Mario Rosas. Regresó el mediocentro a la Tacita de Plata y exhibió lo mejor de su variopinto repertorio. El Cádiz fue perdiendo efervescencia y presencia. Su imagen era cada vez más diminuta en consonancia con el crecimiento albinegro. No obstante, el propietario del coliseo amarillo recobró de pronto el aliento tras la expulsión de Aurelio Santos en el arranque de la reanudación. Quizás cuando menos lo esperaba, tras la celebración del tanto de Oberman, retomó el pulso aunque su corazón nunca bombeó fútbol de calidad. El Cádiz volvió, pero fue más demérito albinegro que debido a situaciones meritorias descritas sobre el terreno por la escuadra local. El aspecto determinó la evolución del encuentro.
Una equivocada decisión de Mario Rosas en un despeje que, ya en el aire, tomó la dirección no deseada preludió el primer tanto local. El balón emponzoñado marchó hacia el perfil derecho del ataque cadista. El centro acabó en la red de la portería de Carlos Sánchez. El esférico cruzó con total libertad por el área albinegra. A la altura del segundo palo entró como un obús Gustavo López para conectar y convertir en un hecho realmente banal la estirada de Carlos Sánchez. Sin apenas argumentos el Cádiz se encontró con ventaja en el luminoso y con un gol que le permitía manejar el partido según sus virtudes aunque nunca supo abastecer su granero, pese a los condicionantes. El grupo de Calderón podía acogerse a la velocidad que presenta en los metros finales para redefinir la dirección del partido. El Cádiz no engaña en el actual curso. Es un bloque que se encuentra mucho más cómodo sin el balón que con la principal herramienta de trabajo de la disciplina, máxime tras la llegada de Natalio, un jugador que se fagocita con esos caracteres. Con espacio por delante y con metros por recorrer se muestra feliz. La evolución posterior del encuentro permitió contemplar y fundamentar esta afirmación. Tras el gol, el Cádiz apeló a los balones en largo y al contragolpe para tratar de matar al C.D. Castellón. Es el principal código que le define. Después con superioridad numérica sobre el campo se hizo la oscuridad cuando tuvo que imaginar y administrar con solvencia el uso del esférico. En ese instante se desquició y se hizo el hara-kiri. Sus recursos fueron colgar un mar de balones escasos de sentido. Entre medias pudo solucionar el encuentro en un par de contras que pillaron desorganizado al equipo, principalmente por su distribución. Cuando el C.D. Castellón escalonó cartesianamente sus líneas sobre el pasto verde dejó de pasar por situaciones adversas.
El gol de Gustavo López no varió la percepción del C.D. Castellón. Es cierto que en algunos lances del choque, sobre todo durante el primer acto, estuvo carente de la velocidad necesaria en la reacción para acceder a los dominios del Coque Contreras en situaciones claramente ventajosas después de conseguir robar en la medular y pillar desorganizado, y en plena transción, a su adversario, pero el peso y la determinación era albinegra. El bloque mantuvo durante la cita la espartana seguridad defensiva que muestra habitualmente y se entregó con pasión en la construcción. En ese aspecto, sobresalió la aportación de Mario Rosas en la sala de máquinas. El centrocampista afiló las garras tras los minutos iniciales, se asoció con el esférico y se hizo con los mandos. Mario retrasó unos metros su presencia y condujo con seguridad. El resto del equipo le secundó. Oberman apareció y Arana y Txiki dieron señales. Había vida por las bandas. Mario y López Garai convirtieron la línea de medios en un feudo inexpugnable aunque al C.D. Castellón le faltó más contundencia en las cercanías de Contreras para tratar de reconducir la situación creada. Sobre el césped del Ramón de Carranza pugnaban dos tendencias antagónicas.
La primera mitad murió con una sensación que primaba la patente superioridad foránea por más que el marcador pudiera dictaminar una lectura divergente. Curiosamente, Oberman en la primera aproximación tras el tradicional paso por los vestuarios volvió a esbozar una amplia sonrisa. Toda la pegada que no tuvo en el acto inicial surgió tras apenas disputarse tres minutos. Un pase envenenado ante un ejército de piernas rivales del Mario más clarividente y enchufado lo resolvió con talento el argentino. Fue una corpórea y sutil vaselina que superó la salida de Contreras. Como un sauce lloró cuando se desploma el balón acarició mansamente la meta local. El Cádiz parecía perder la vida. Sin embargo, la expulsión inmediata de Aurelio Santos le permitió entonar el regreso aunque cayó presa de sus propias limitaciones. El C.D. Castellón se recompuso de inmediato. Con un jugador menos no perdió ni su identidad ni el atrevimiento. Surgió la vena más rocosa e impetuosa. Siguió tocando con tranquilidad y prestancia en busca de la portería de Contreras, si bien se pertechó con más ahínco sobre su área y demostró su poderío y total dominio del juego aéreo. Esa propuesta planteada por el Cádiz descubrió la jerarquía y los galones de Pepe Mora y Dealbert. Los albinegros multiplicaron sus esfuerzos. Fueron un colectivo en el sentido literal. El C.D. a base de casta mantuvo el tipo. Su versión más solidaria le permitió acorazar un empate que nadie puso entre signos de interrogación.
LOS DATOS DEL PARTIDO:
Cádiz: Contreras, Vicente, Caneda, De La Cuesta, Raúl López, Parri, Bezares (Cortés, min 64) Kosowski (Enrique, min 46), Natalio, G. López, Baugoura (Martín, min 78)
C.D. Castellón: Carlos Sánchez, Pedro, Dealbert, Mora, Aurelio, López Garai, Mario Rosas, Arana (Rafita, min 58) Oberman, Txiki (Pendín, min 88) y Tabares (Reggi, min 76)
Árbitro: Estrada Fernández. Colegio Catalán. Amonestó con cartulina amarilla a Bezares, Pedro, López Garai, Mario Rosas y Aurelio Santos en dos ocasiones.
Goles: 1-0. M. 12. Gustavo López. 1-1. M 48 Oberman.