Con un gol de Rossi, el Levante parecía llevarse un punto del Riazor, hasta que Lucas puso el 2-1 definitivo y destruyó la moral granota.
LEVANTE UD | Quizás existan muchas maneras de sentir e interpretar una derrota, pero el Levante escogió en el feudo de Riazor una de las formas terroríficas de experimentar en lo más profundo de su interior la terrible desolación que provoca la derrota. Hay muchas maneras de caer. Y, a veces, en la derrota hay una dosis de épica que aplaca su dramático contenido, pero, en esta ocasión, no fue el caso. El cielo gallego pareció desplomarse sobre la escuadra azulgrana en los minutos finales. Un balón cazado en el interior del área de la sociedad de Orriols por Lucas acabó en el fondo de las mallas de Mariño. No una acción sideral en su ejecución y realización. La fortuna abandonó al equipo granota en uno de los últimos lances de una confrontación tan áspera como metálica con dos equipos necesitados de alimentar su granero de puntos, unos inmersos en esa titánica cruzada para tratar de abandonar la zona más complicada de la tabla, el otro para cerrar una herida que no dejaba de suturar tras tres meses de inanición. En ese contexto tan dramático el disparo de Lucas chocó en el palo de la portería azulgrana antes de rebotar en la espalda del cancerbero y alojarse en el interior del arco del grupo que conduce Rubi para sumir al colectivo levantinista en una sensación muy cercana a la frustración.
El Levante avistaba un punto que no le proyectaba en demasía en la clasificación general, pero que le hubiera reforzado desde un prisma psicológico después del triunfo ante el Valencia en el derbi en consonancia con la igualada obtenida frente a la Real Sociedad en el Estadio de Anoeta. Y cualquier componente de índole mental adquiere fundamento en este tramo de la temporada liguera, máxime cuando cada confrontación se convierte en un viacrucis ante la exigencia que demanda. No parece fácil afrontar el calendario liguero en las circunstancias que acompañan al Levante. El bloque juega sobre el verde ante sus adversarios, pero también en otros escenarios muy alejados desde un prisma geográfico y las noticias no eran especialmente alentadoras tras las victorias del Sporting y U.D. Las Palmas. Se trata de una guerra de desgaste continuada que reclama personalidad y decisión para afrontar cada una de las confrontaciones que restan.
El duelo en Riazor pareció oscurecerse en el postrer minuto del primer acto. El Levante le había negado cada palmo de terreno a su adversario jugando con una seriedad extrema hasta conseguir rebajar a su oponente, pero Luis Alberto bailó un vals rodeado de contrarios delante de Mariño para alojar el balón en la escuadra. Cani filtró un pase interior sobre la llegada de Lucas. Fue la única acción verdaderamente manufacturada por parte del Deportivo durante el primer capítulo y sus consecuencias fueron devastadoras y nefastas para el equipo azulgrana. Minutos antes Morales había pisado con convicción el área de Lux, si bien su disparo chocó contra la red por la parte del exterior del arco local. Las dudas parecían aflorar en la escuadra local en esa fase de la confrontación. Al Deportivo le costaba construir y encontrar su sitio en el césped y Riazor mostraba si titubear su malestar. El Levante se replegaba sobre sí mismo ocupando simétricamente cada espacio del verde para tratar de lanzarse hacia los dominios contrarios del campo.
No obstante, el duelo moría tras disputarse los cuarenta y cinco minutos iniciales y parecía una seria incógnita desvelar cuál sería el estado de ánimo del colectivo levantinista cuando regresara de los vestuarios tras la dureza y la contundencia del golpe que había sufrido. Sin embargo, su respuesta fue impoluta. Rossi afiló sus botas. El italiano aprovechó un hueco para escabullirse de la defensa gallega y fusilar a Lux en su salida desesperada. Luis Alberto y Giuseppe Rossi compitieron en la fábrica de las dianas conseguidas. En la planicie de un encuentro de alto voltaje aparecieron para reivindicar sus respectivas figuras con dos tantos que conjugaron clase y calidad. Apenas cinco minutos le bastaron al Levante para neutralizar la victoria local y posteriormente un segundo para echar por la borda todo el trabajo general que había realizado con un gol muy afortunado de Lucas que resquebrajó una igualada que la escuadra azulgrana había merecido.
RC Deportivo: Lux, Navarro, Mosquera, Cani (Cartabia, 65′), Lucas (Bergantiños, 87′), Juanfran, Arribas, Luisinho, Faycal (Oriol, 83′), Luis Alberto, Borges.
Levante UD: Mariño, Simao MJ, Verza, Jefferson Lerma, Morales (Rubén G., 80′), Juanfran (M. Cuero, 86′), Medjani, Deyverson, Rossi (V. Casadesús, 75′), Zou Feddal, Verdú.
Árbitro: Vicandi Garrido. Amonestó a Oriol Riera, Luis Alberto, Jefferson, Simao y Verza.
Goles: 1-0. M. 42. Luis Alberto. 1-1. M. 49. Rossi. 2-1. M. 86.