Se intuía un día extraño en El Sardinero y el Villarreal asistió para ejercer de verdugo. Se entrelazaron la peor imagen del Racing y la versión más perfeccionada de este Submarino para que el estadio se convirtiera en un polvorín durante noventa minutos.
Pablo Ramón Ochoa | NOSTRESPORT.COM
El ambiente ya estaba bastante enrarecido en Santander antes de comenzar el partido. Los problemas extradeportivos eran y son demasiado acuciantes. Se intuía un día extraño en El Sardinero y el Villarreal asistió para ejercer de verdugo. Se entrelazaron la peor imagen del Racing y la versión más perfeccionada de este Submarino para que el estadio se convirtiera en un polvorín durante noventa minutos.
Intentando mantenerse ajeno a todo ello, el equipo de Julio Velázquez se dio un homenaje y por fin consiguió encontrar el camino hacia la recuperación definitiva. Guiaron al Submarino dos futbolistas que, en la tarde del sábado, se mostraron inmensos. Manu Trigueros abrió el camino con un gol que lleva escrita la palabra “maestro” e Ike Uche volvió a mostrar su mejor cara para sentenciar con dos goles que le ponen como pichichi amarillo.
El dominio del Villarreal fue absoluto desde el minuto uno y la posesión del esférico era abusiva a favor de los visitantes. Todo el Racing esperaba por detrás de la línea del balón, cediendo toda la iniciativa y sometiéndose a lo que quisiera hacer el Submarino. La cábala consistía en montar una contra milagrosa que nunca llegó. El plan murió definitivamente a la media hora de juego.
Manu Trigueros y Uche se reivindican con maestría
Le faltaba el gol al Villarreal durante toda la temporada y parecía que también podía faltarle en Santander, pero la paciencia tuvo premio. Y vaya premio. Manu Trigueros fabricó y moldeó una jugada de genio. Tuvo opción de pase, pero nadie en la defensa racinguista le salió al paso. Valiente, decidió optar por una jugada personal que le llevó a escorarse un poco para enganchar un disparo excelso. La escuadra dio fe de ello, la magia de Trigueros va más allá de la Segunda División.
Pocos minutos después llegó la sentencia de la mano de una jugada de primera categoría. Uche recibió en línea de tres cuartos y, con esa clase a veces guardada con llave, se la dejó de tacón a Jaume Costa, llegando desde atrás. Una asociación perfecta que culminó cuando el valenciano la devolvió al desmarque del nigeriano –todo en área pequeña-, que con la puntera la elevó lo suficiente para marcar el segundo.
El Racing quiso despertar por honor pero no pudo. Mariño evitó que un remate a quemarropa de Ferreiro diera vida al partido. El descanso lo mató definitivamente. El Villarreal había sentenciado y el Racing estaba desesperado, temeroso de su propia afición.
La grada toma el control en una tensa segunda mitad
El segundo período comenzó sin apenas cambios. La grada de El Sardinero seguía ejerciendo mucha presión sobre su equipo y las condiciones de juego que imponía el Villarreal eran inasumibles para el Racing.
Incluso aumentó la intensidad amarilla en la salida de balón cántabra y por momentos desquiciaron los locales. De esa presión salieron varios errores defensivos que el Villarreal pudo aprovechar. Trigueros tuvo la primera ocasión de la reanudación con un disparo centrado que Sotres repelió. Uche, en un in crescendo constante, tuvo la segunda poco después. Se quedó con ganas y a la tercera sentenció.
Cani convirtió en oro una jugada personal por la banda. Cuando logró irse del primero, el aragonés se llenó de confianza y lo transmitió en un centro que casó a la perfección con la testa de Ike Uche. El balón besó de nuevo las mallas y el partido se convertía definitivamente en un festín amarillo.
El Villarreal baja el pistón pero mantiene la seriedad
Los de Julio Velázquez volvían a sonreír y el Racing perdió toda el alma que pudo tener en algún momento. Los locales yacían totalmente desaparecidos, inertes. Lo preocupante era que todavía quedaba media hora de choque y éste se le podía hacer muy desagradable al equipo de Fabri. Había un partido alternativo en la grada y la vergüenza local se marcaba a base de silbidos.
El Villarreal bajó el pistón como queriendo no hacer más daño del debido. El Submarino continuó mimando el balón, pero no ejerciendo peligro. Era extraño para ellos ser partícipes de un encuentro que trascendía del simple resultado. Era un velatorio movido en El Sardinero. Las escenas, tensas y tristes para tratarse de un club centenario. Ya no importaba lo que ocurría en el terreno de juego.
Julio Velázquez comenzó a mover el banquillo de cara al final para dar descanso a sus titulares y en primer lugar sentó a Manu Trigueros para que Hernán disputara algunos minutos en medio de su jet lag tras jugar con Paraguay. También regresó Cavenaghi.
El guaraní gozó de la mejor ocasión de los minutos finales después de arrancar en posición dudosa y quedarse solo ante Sotres. Le puso tanta rabia a su disparo que, cuando lo más fácil fue marcar, la envió a la grada. No había rival, al Racing ya le daba igual perder por tres o por cuatro. Los brazos seguían bajados y no se esperaba que volvieran a subir. Solo Koné, tras un error garrafal de la defensa cuando el partido ya no tenía ningún orden, la mandó al palo con todo a favor. Ni así le salieron las cosas a un Racing que vivía un día negro.
Los minutos corrieron para que el Villarreal dispusiera de innumerables ocasiones en los instantes postreros. Ninguna la convirtieron Pandiani y Cavenaghi, ansiosos por volver a ver puerta. Otra vez será.
No obstante, hubo final felicísimo para el Submarino, que por fin se quitó la espinilla de vencer a domicilio y, de paso, llenarse de confianza para el futuro. Velázquez puede haber encontrado la equis de la ecuación y le toca trabajar en ello para que la zona alta no se vuelva a escapar. En El Sardinero, el Villarreal sí supo convencer.
Ficha técnica:
Racing de Santander: Sotres; Rochela, Francis, Gullón, Jairo; Kaludjerovic (Gai Assulin, 60’), Ferreiro (Koné, 80’), Óscar Pérez (Jorge Alonso, 52’), Bouazza; Goicotexea y Bautista.
Villarreal: Mariño; Javi Venta, Bruno, Musacchio, Joan Oriol; Marcos Senna, Trigueros (Hernán Pérez, 73’), Moi Gómez (Pandiani, 84’), Jaume Costa, Cani; y Uche (Cavenaghi, 79’).
Goles: 0-1, min. 32: Trigueros. 0-2, min. 38: Uche. 0-3, min. 53: Uche.
Árbitro: David Pérez Pallás (Comité Gallego). Amonestó a Francis (41’) y Gai Assulin (84’) en el caso del Racing de Santander y a Joan Oriol (71’) por parte del Villarreal.