Editorial del 14/08/2012
Los Juegos Olímpicos de Londres han concluido, como todos pasarán a la historia por muchas cosas, pero tal vez por encima de todo por las increíbles gestas de Michael Phelps, al conseguir 22 medallas olímpicas en tres juegos, superando a la gimnasta Larissa Latynina quien consiguió un total de 18 en toda su carrera, y al velocista jamaicano Usain Bolt, al proclamarse por segunda vez consecutiva campeón de los 100 y 200 además de obtener una tercera medalla de oro y record del mundo en el 4×100 de relevos.
En el cómputo global EEUU ha vuelto a recuperar la hegemonia perdida en Pekin, 104 medallas, 46 de oro, seguida de China, que se confirma como la segunda superpotencia, y de Gran Bretaña o Rusia, según se computen las medallas de oro o las totales, en cualquier caso un éxito absoluto de la delegación británica en sus juegos.
España ha quedado en el puesto 21, entre Corea del Norte y Brasil, con 17 medallas, tres oros, diez platas y cuatro bronces, igualando los resultados de Atlanta 96 y perdiendo una medalla respecto a Pekín 2008. Por encima de las expectativas, según el COE. Discutible si nos comparamos con otro países de nuestro entorno, Alemania, Francia o Italia, sexto, séptimo y octavo respectivamente, y por debajo de países como las dos Coreas, un increible Kazajastan, la siempre meritoria Cuba o Irán.
Pero si hay dos claras conclusiones que estos juegos nos han dejado al deporte español y que a todos deben hacernos reflexionar ha sido la preponderancia femenina y los deportes minoritarios (léase todos menos fútbol hoy día).
En efecto, 11 de los 17 metales españoles han sido conseguidos por mujeres. El deporte femenino, inicialmente excluido de los Juegos, no ya de los originales griegos, sino también de los de la Era Moderna, no para de sobreponerse a los obstáculos. Nuestras chicas nos han dejado los mejores resultados, pero también algunos de los momentos más hermosos, plásticos y épicos de esta edición. Las Belmonte, Unda, Alabau, Navarro o Amorós, pero también muchas otras que no han podido hacerse con el preciado metal, han luchado como jabatas, como auténticas #guerrerasolimpicas revindicando una vez más su puesto en el deporte a una sociedad que se empeña en arrinconarlas e invisibilizarlas. Chicas fuertes, guapas, duras y valientes dejándose el alma y las tripas a pesar del olvido generalizado para conseguir su éxito personal y nacional. Es mucho lo que el deporte debe a nuestras deportistas y ya es hora que empecemos a reconocer que su esfuerzo, su lucha, su dignidad, merecen nuestra atención, apoyo y seguimiento. Que dejemos de poner trabas a unas mujeres que han sabido sobreponerse a prohibiciones, a roles predeterminados, a determinismos sociales. Estos días recordaba Pérez Reverte cómo aún en 1930 el Papa Pío XI en su encíclica Casti Connubi censuraba la participación femenina en el deporte. Ya es hora de que una vez por todas caminemos también hacia la equiparación en el deporte, para que nuestras chicas “sólo” tenga que vérselas contra otras mujeres deportistas igualmente determinadas a conseguirlo todo.
La otra gran conclusión viene de la mano del deporte minoritario. España ha conseguido medallas en disciplinas totalmente alejadas del común de los españoles, situación tristemente harto fácil, dado el panorama prácticamente "monodeportivo" que en demasiadas ocasiones el fútbol dibuja en nuestro país. Disciplinas como lucha, piragüismo, taekwondo, triatlón o aguas bravas han provocado la sorpresa general al constatar no solamente que existen, sino que se cuenta además con un puñado de excepcionales deportistas, perfectamente desconocidos, que se encuentran entre los mejores de sus disciplinas. Deportes totalmente alejados de las masas, de los medios y de los recursos, donde la financiación, la práctica o la posibilidad de competir proviene, como todo, de la tenacidad, sacrificio y empecinamiento de deportistas que, en soledad, a base de horas y pundonor, se empeñan en mejorar, superarse, llegar más lejos, más fuerte, más rápido, ser mejor, ser el mejor. Desde aquí todo nuestro reconocimiento. Todos debemos, sino apoyar económicamente, sí reconocer el deporte, los valores, el ejemplo que nuestros deportistas, como todos, encarnan con la única satisfacción de saberse dignos competidores, porque de eso al fin y al cabo, va el deporte.
José Luis Silvestre
Consejero delegado Grupo Nostresport
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