El Villarreal sumó su primera derrota de la temporada tras trece partidos disputados, cuatro de ellos oficiales, en el estreno de la UEFA Europa League ante el Rapid de Viena en el estadio Ernst Happel de la capital de Austria. Leo Baptistao adelantó a los amarillos, pero los locales remontaron en el inicio del segundo acto.
Si hay un estadio perfecto para comenzar competiciones, ese debe de ser el Ernst Happel de Viena. Si hay una manera grandilocuente para empezar mal las competiciones, esa es perder en el Ernst Happel de Viena.
Un delantero está acostumbrado a la dificultad de su trabajo, a los altos y a los bajos de una profesión que vive de los goles. Lo que sí es extraño es que un atacante viva todas las fases en 45 minutos. Leo Baptistão lo hizo todo mal… Hasta el minuto 44. Controló mal, disparó mal, no ayudó en la recepción y alargue de los balones. Pero al filo del descanso supo definir a la perfección para adelantar al Villarreal en su estreno en la Europa League. La jugada, tras una primera mitad insípida y lenta, fue una delicia. Desde la salida de balón de Bonera hasta el toque de cabeza de Baptistão el balón se movió tan rápido que los austriacos solo pudieron romperse. Rukavina, libre, centró a la perfección al segundo palo. Y gol. Una maravilla del mejor submarino, que el resto del partido se mostró desaparecido en combate ante un Rapid de Viena que le igualó en fuerzas y, al final, le superó en el marcador.
El castillo de naipes amarillo se desmoronó en dos minutos y lo hizo por la banda izquierda del ataque del Rapid. Dos faltas laterales, dos confusiones defensivas y una remontada exprés. Primero, Schwab se aprovechó de una descoordinación en el rechazo en área pequeña y fusiló a placer. Con el estadio enfervorecido tras el empate y el Villarreal aturdido, un siguiente arreón fue suficiente. Bonera hizo de las suyas -bastó un partido para conocerle- y cometió un penalti tonto tras una segunda falta desde la banda. Hoffman engañó a Barbosa y ahí acabaron los cuentos.
A partir de ahí se acabó de evidenciar la poca compenetración de los amarillos. Marcelino había puesto un once de cambio radical. Hasta diez hombres diferentes respecto al partido de Granada. Y quizá, contra el rival más fuerte del grupo y fuera de casa, no es cuando tienes que hacer los cambios. Jugadores que disputaban juntos un partido por primera vez. Conceptos no asimilados. Demasiado en contra para querer ganar. Aún lo intentó el Villarreal, espoleado por el incansable Bruno y su compañero de batallas Jonathan dos Santos. Rukavina se internaba sin parar para ser el mejor amarillo de la noche. Pero arriba el equipo se cortocircuitó y ni la salida de Bakambu permitió al submarino empatar. El francocongoleño falló la última del partido en boca de gol. Quiso controlar cuando el portero ya estaba vencido y el balón se marchó a las nubes. Con él, un punto que hubiera sido justo y hubiera calmado lo que ahora se convierte en situación difícil. Ante el Viktoria Pilsen, en casa, no hay fallo que valga.
Ficha técnica:
Rapid de Viena: Novota; Pavelic, Dibon, M. Hofmann, Stangl (Auer, m. 92); Schaub (Schobesberger, m. 63), Grahovac, Schwab, Kainz (Huspek, m. 72); S. Hofmann y Prosenik.
Villarreal CF: Barbosa; Rukavina, Bonera, Víctor Ruiz, Jokic; Samuel (S. Castillejo, m. 46), J. Dos Santos, Bruno, Denis Suárez (Nahuel, m. 79); Leo Baptistao y Adrián (Bakambu, m. 68).
Goles: 0-1. Min. 44: Leo Baptistao. 1-1. Min. 50: Schwab. 2-1. Min. 53: S. Hofmann, de penalti.
Árbitro: Stefan Johannesson (SWE). Amarilla a los locales Grahovac (m. 80) y Schwab (m. 87); así como a los visitantes Leo Baptistao (m. 35), Bonera (m. 49) y Rukavina (m. 78).
Estadio: Ernst Happel. 36.200 espectadores.