sábado, octubre 10, 2026
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Un perico descuidado con ‘madera de Primera’

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Adora ‘Gladiator’ y revela su admiración por Jean Claude Van Damme durante su niñez. Quizá, Ferràn Corominas logró sacar de ambos mitos cinematográficos el espíritu de lucha que le ha permitido redimirse en el Elche del severo castigo que recibió en diversas fases de su amplia trayectoria como blanquiazul. El trato injusto del Espanyol nunca fue un obstáculo para el de Banyolas, que impregnó su huella en Montjuic con actuaciones estelares y un gol que cambió el signo de la historia perica.

José Soler Amorós I NOSTRESPORT.COM

Adora ‘Gladiator’ y revela su admiración por Jean-Claude Van Damme durante su niñez. Quizá, Ferràn Corominas logró sacar de ambos mitos cinematográficos el espíritu de lucha que le ha permitido redimirse en el Elche del severo castigo que recibió en diversas fases de su amplia trayectoria como blanquiazul. El trato injusto del Espanyol nunca fue un obstáculo para el de Banyolas, que impregnó su huella en Montjuic con actuaciones estelares y un gol que cambió el signo de la historia perica.

Juró siempre amor incondicional al club que gestó su madurez pese a la multitud de baches que invadieron su camino. Ferràn Corominas ‘Coro’ defendió la franja blanquiazul durante 12 campañas divididas entre la primera y la segunda plantilla, y aunque nunca logró emular a héroes míticos como Jordi Lardín, Arteaga o el guardameta Toni, cimentó por méritos propios su leyenda con un recuerdo memorable. Su capacidad de resistencia y entrega ante la falta de minutos avalan un sentimiento extravagante pero a la vez sempiterno que obtuvo recompensa el 13 de mayo de 2006.

Héroe eterno

En una de las temporadas más angustiosas que se recuerdan, el equipo dirigido en aquel entonces por Miguel Ángel Lotina requería de un triunfo en la última jornada para salvar la categoría. Nombres como Zabaleta, Ito, De la Peña, Jarque o Tamudo pisaron la hierba del Olímpic Lluís Companys en una noche agónica hasta el último instante. El destino quiso otorgar a Ferràn la posibilidad de golpear con fuerza el agotador escalón de la titularidad. Su presencia se hizo realidad en el minuto 38 para suplir la lesión de De la Peña, y su anhelo por dirigir al Espanyol hacia la gloria acabó por evangelizar una leyenda que jamás temió por su intermitencia. El ‘amuleto’ perico, que ya había dado con anterioridad goles importantes actuando desde un perfil secundario, se coló entre la zaga donostiarra cuando el partido agonizaba y fusiló la red con rabia, trasladando a la grada el llanto de felicidad más profundo.

Ese año, aquel joven contribuyó también con un gol en la consecución de la cuarta Copa del Rey del club catalán, y aunque el curso 05/06 parecía depararle un futuro más esperanzador, los escasos minutos de los que disfrutó posteriormente se convirtieron en una pesadilla. Pese a todo, Coro nunca dejó de ser clave. Su figura deslumbró en las semifinales de la Copa de la UEFA, anotó dos goles ante el Werder Bremen y no percibió ni un minuto como premio en la final de Hampden Park.

Segunda juventud

La injusticia acabó cebándose con el de Banyolas, que acabó emigrando a Girona tras pasar sin pena ni gloria por el Osasuna. La rabia causada por una marcha inmerecida recargó la ilusión de un jugador ya veterano que estalló como futbolista en su tierra natal. La entidad rojiblanca le abrió las puertas a su fútbol, el cual no había logrado consolidar en etapas anteriores.

Con 29 años, Corominas desmelenó sus armas y anotó 18 dianas que se tradujeron en la permanencia del equipo, mientras el Espanyol se mordía las uñas sufriendo por resistir en Primera y necesitado de un goleador referente.

La brillante campaña no agotó las balas del artillero catalán. Su protagonismo en Segunda le posibilitó infinidad de salidas en el mercado veraniego, algo impropio en un jugador que rozaba la treintena. Finalmente apostó por un proyecto que a largo plazo iba a suponer la alegría más inmensa de su carrera deportiva.

Girona le permitió plasmar ese talento oculto, pero Ferrán Corominas exprimió todo su repertorio en su nueva casa, Elche. Fran Escribà se entregó a la calidad e inteligencia del gerundense y le otorgó la batuta en una de las posiciones del ataque franjiverde. Con la ayuda de sus compañeros, apuntilló su habilidad para generar espacios, afiló su capacidad goleadora y mostró su actitud más solidaria. Esa mezcla explosiva sirvió de empuje al Elche para abandonar una trayectoria inestable de 24 años, retomando así un camino glorioso en forma de ascenso.

El sueño de Coro se hacía realidad. El empeño por estabilizar su estatus como futbolista se había cumplido. "Sólo necesitaba minutos y confianza", decía el jugador a mitad de campaña. Una vez confirmado el retorno a la élite, pocos hombres en el mundo deben ser más felices que ‘El Flaco’ -así le llaman dentro del vestuario del Elche-.

El fútbol premia de esta manera el sacrificio de un jugador que, con toda seguridad, seguirá glorificando al cuadro ilicitano en Primera y agrandando el arrepentimiento espanyolista en su decisión por dejarle marchar.

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Redacción de nostresport.com Desde el 01/02/2023 informando del deporte de la Comunitat Valenciana

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