Luego de levantar la Copa Mundial de la FIFA durante cinco ocasiones distintas, Brasil recibe al trigésimo Mundial de la historia con los deseos de desterrar al fantasma del Maracanazo de 1950. ¿Podrán Neymar y compañía soportar la presión de la historia y de todo un país?
Además de tener la responsabilidad por ser el anfitrión y por ser potencia mundial y el máximo campeón de la histria de los mundiales, Brasil deberá desterrar los fantasmas del «Maracanazo», esa fusión gramática que surgió entre Maracaná, el estadio «mais grande du mundo» en la época del 50 y fracaso.
Comenzaba la segunda parte del siglo XX y Brasil ya había entusiasmado a muchos con su imagen en Francia 38 de la mano de Leonidas da Silva, goleador del tercer campeonato del mundo. La guerra había acabado y era hora de comenzar de nuevo en el continente donde el sueño había comenzado: Latinoamérica.
Brasil segúia deslumbrando con sus goles y parecía destinado a levantar la Copa dela FIFA por primera vez en su historia. Llegaba a la final como el favortio, hasta el presidente Jules Rimet tenía preparado un discurso en portugues. La fiesta iba a ser solo brasileña.
Hasta que Obdulio Varela, Juan ALberto Shiaffino y Alcides Gigghia enmudecieron a 200.000 brasileños que no toleraron la derrota y por miedo a que el fastidio pueda pasar a mayores la copa fue entregada al capitán uruguayo en el vestuario.
Los brasileños, con Neymar a la cabeza esperan terminar de desterrar de una vez por todas el espíritu de ese Maracanazo que todavía hace eco en Rio de Janeiro y que poco a poco se fueron extinquiendo con cada copa levantada.