sábado, septiembre 19, 2026
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De la Final del Agua a la Final de los Pitos

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En este fútbol hispano cada vez más degradado y degradante hemos llegado a la máxima afrenta que se va a sufrir en la Final de Copa de este año, una vez descartado el viejo Mestalla.

La final entre Barcelona y Athletic de Bilbao, tercera en la serie desde 2009, va a ser conocida como la ‘Trilogía de la Silbatina’, porque desde la primera celebrada en Mestalla, descartada esta vez la sede valenciana cuando hace 6 años era el sitio ideal, no es tan importante el resultado como el nivel de decibelios. El cuadro vasco se presenta en estas finales como víctima propiciatoria y ahora directamente en el campo del club catalán, completando el espectáculo.

Futbolísticamente han conseguido entre todos que no tenga ningún interés. Y salvo hecatombe azulgrana, que no espera nadie, los de Luis Enrique lo tienen en la mano para alzarse con un nuevo entorchado, ahora en el Camp Nou, en un palmarés copero que dominan desde hace unos años.

El nuevo Rey va a tener un escenario de los que le ponían a Fernando VII pero al revés: es decir nada de comodidad y ‘aquelarre total’.

Pero con su pan se lo coman todos los que han permitido esto y aceptado este juego vergonzante; y sólo sirva para comparar esta final con la de hace 20 años entre el Valencia y el Deportivo. Y es que las comparaciones son odiosas y la politización y degeneración del torneo evidente y palmario.

El contraste de las motivaciones 20 años después de todos los protagonistas es una muestra de la politización del deporte.

Sólo fútbol

Y es que en la de 1995 sólo se hablaba de fútbol e ilusión en ser campeón. A aquella final llegaba un Deportivo de la Coruña investido de SuperDepor, con el cariño de buena parte de la afición neutral, por la Liga perdida el año anterior con el penalti de Djukic, precisamente contra el Valencia en Riazor, algo similar pero menor a las simpatías por los azulones en la del 2008 entre Valencia y Getafe, y un Valencia que llevaba tres lustros desaparecido del gran foco.

La Recopa y la Supercopa de 1980 había sido el último gran momento de desplazamiento/felicidad de aficionados por un título. El descenso y los problemas económicos habían minado las esperanzas.

Y en esta temporada 1994-95 se consiguió llegar a la final de la Copa de Rey contra pronóstico. Se empezó contra el Corralejo y luego el Salamanca, para llegar en octavos al choque estrella contra el futuro campeón liguero de esa temporada, el Real Madrid, al que se le derrotó en los dos partidos por 2-1. Después de este gran éxito llegaba el Mallorca, al que se le eliminó bien, y en ‘semis’ el enfrentamiento contra el Albacete, con victoria providencial y acceso a la final.

En la finalísima aguardaba el cuadro gallego que había eliminado al Sporting en las semifinales. Se disputó en el Santiago Bernabéu el 24-6-1995 y a los 79 minutos se suspendió por el aguacero que cayó esa noche en Madrid.

Por el equipo herculino de Arsenio jugaron Liaño, López Rekarte, Voro, Djukic, Nando, Ribera, Aldana, Donato, Fran, Manjarín, Bebeto. También jugó Alfredo.

Por el Valencia de Rielo: Zubi, Mendieta, Giner, Camarasa, Juan Carlos, Poyatos, Mazinho, Fernando, Roberto, Mijatovic y Penev.

El asturiano Manjarín adelantó a los coruñeses a los 35 minutos y el montenegrino Pedja empató de falta directa magistralmente lanzada a los 70’.

Tres días después se reanudaron los 10 minutos, con gol inicial del madrileño Alfredo, que decantó finalmente el resultado para los gallegos. Mendieta fue expulsado en el último minuto por doble amonestación.

La boina, bien calada

Dejando de un lado la decepción lógica por la derrota, se consiguió que una generación que no había saboreado todo lo que conlleva una final: de ilusión, el viaje a Madrid, la final en sí misma, la noche de antes soñando con la gloria… volviera a ver a su equipo en un escenario de esta envergadura. Las finales están para ganarlas, pero hay algunas que sirven para construir lo que viene después. Fútbol y éxitos. Otras en cambio dividen, son ridículas y dejan a muchos en mal lugar. Spain is different, o por lo menos algunos lo siguen siendo. “Qué país, qué paisaje y qué paisanaje”.

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