La cita tenía todos los tintes para ser histórica. Pocas veces antes en el fútbol español una afición se había desplazado tan masivamente para presenciar un encuentro. Las gargantas de diez mil ilusionados vila-realenses se volcaron con su equipo y tiñó el Mini Estadi de un potente amarillo. El 20% de Vila-real pobló Barcelona y llevó en volandas -aunque esa expresión se queda corta- a los suyos hacia una victoria clave.
Pablo Ochoa I NOSTRESPORT.COM
La estampa era preciosa. La grada, el verdadero partido. En un poético fondo el majestuoso Camp Nou presidía la imagen. La incansable marea grogueta y tres goles de Pereira, Bruno y Perbet acercaron al Villarreal a poder jugar la temporada que viene en el coliseo que se erigía unos metros más allá del Mini Estadi, que el domingo fue una extensión de El Madrigal. Todo era amarillo hasta donde alcanzaba la vista.
El Villarreal disputó su penúltima final, la penúltima guerra de una Odisea a la que está costando mucho poner punto y final. Las semanas pasan y el deseado ascenso, ese “regreso a Ítaca” de los de Marcelino todavía se resiste. Pero podría quedar solo una semana para entonar ese himno llamado “Tornarem”. El submarino lo tiene casi todo hecho, pero todo está por hacer y todo es posible. El mejor guionista de Hollywood no hubiese imaginado una batalla tan cardiaca como la que Villarreal y Almería librarán el próximo sábado. Esa fecha se marcará a fuego en uno de los dos conjuntos. Será el día en que uno de los dos retorne a la Primera División. Pero solo puede quedar uno. Marcelino puede hacer cuentas con la victoria y con el empate, que valen el ascenso amarillo.
El día en Barcelona era apático. El amarillo sustituía en masa al azulgrana en la ciudad condal. Cualquier turista que visitase las Ramblas quedaría aturdido por la imagen de tanto color amarillo. A la hora del duelo, las gradas del Mini Estadi hacían dudar -y mucho- de cuál era el equipo local. Los diez mil se vinieron arriba cuando vieron que todo aquello era real. Estaba pasando y habían marcado el primer gol. Cuando los futbolistas saltaron al campo, extrañaba que sonase el Cant del Barça en vez del himno del Villarreal. Los visitantes fueron vitoreados y los locales, silbados.
La calidad del Barça B se impone en el inicio
Pero quedaba lo más difícil, marcar también en el césped. Y ahí el Barça B lo iba a poner muy complicado. La primera parte fue una prueba de fuego para el submarino amarillo. Esfuerzo titánico de una defensa abrumada por la calidad de los jóvenes de azulgrana. Eso sí, todas las piezas del puzle amarillo resistían y hacían infranqueable la puerta de Juan Carlos. Los de Marcelino esperaban su turno a la contra, cada palo aguantaba su vela y, entre todos, sobresalía un enorme Jaume Costa. Al lateral izquierdo valenciano le tocó lidiar con el astado más bravo y le mantuvo a raya con contundencia. Deulofeu lo intentaba siempre con velocidad endiablada y arrancadas de vértigo, pero el marcaje le neutralizó.
A los veinte minutos surgió un contratiempo para el Villarreal. Uche se lesionó y a Marcelino le tocó reestructurar el esquema. Dentro de lo malo que tiene una lesión, el cambio no lo pudo venir mejor al submarino. Y es que entró Moi Gómez y Jonathan Pereira pasó a la punta. El escurridizo delantero desquició desde entonces a Ié y Lombán. Cada carrera ganada suponía el agotamiento progresivo de la defensa azulgrana, que no estuvo a la altura de los grandes ataques que montaban Rafinha, Sergi Roberto, Deulofeu o Araujo. Mucha calidad y tremendo futuro en esos cuatro nombres.
Pero aunque el Villarreal tuviese las suyas en momentos concretos, era el Barça B quien merecía el gol. Bruno sacó una acción bajo palos, el peligro rondaba y Deulofeu hizo de una falta directa un misil teledirigido al centro del arco. Juan Carlos lo interceptó, pero a punto estuvo de colarse.
El submarino amarillo firmaba el empate y su afición también. Todos esperaban el descanso para replantear las cosas en la segunda mitad. Parecía que tendría que Marcelino tendría que dar otra vuelta de tuerca a su idea para vencer en Barcelona, pero un resquicio de suerte volvió a estar con el Villarreal. Un contraataque frustrado lo convirtió Pablo Íñiguez en ataque repentino. La defensa del Barça B estaba descolocada.
Gol psicológico antes del descanso
Musacchio recibió, bajó y se detuvo con temple y la puso al área pequeña. De primeras, Jonathan Pereira puso en pie a la grada de ese Mini Madrigal. El suelo retumbó y no era para menos, Pereira, mejor amarillo, ponía a los suyos por delante. Gol psicológico. Los 300 kilómetros en 173 autobuses comenzaban a valer la pena.
La reanudación comenzó con media sonrisa esbozada en la cara de los diez mil, pero con la prudencia por bandera. Si algo sabe la afición amarilla es que hay que cazar la piel del oso cuando se caza. Y el rival todavía estaba suelto.
Bruno y Perbet certifican la victoria amarilla
Unos primeros minutos de incertidumbre dieron paso al comienzo del éxtasis dominical. Jérémy Perbet, luchador e inteligente, recibió. Templó al segundo palo desde la banda derecha viendo el desmarque del capitán. Bruno Soriano conectó y gritó de rabia. Era el segundo del día y el tercero consecutivo del de Artana, que es de esos futbolistas que siempre aparecen en los momentos clave.
Cuatro minutos después, Perbet asestó el golpe definitivo y desató la celebración de la victoria en la grada. El Barcelona B se había desmoronado como un castillo de naipes y Eusebio vio cómo sus chavales habían dado su mejor y peor versión en apenas unos minutos. Era otro equipo, descorazonado y superado por un rival que ambicionaba mucho más.
La última media hora fue una sucesión de cánticos en la grada. Ya poco importaba lo que sucedía a ras de césped, donde el Barça B intentó buscar el de la honra sin fortuna. La entrada de Joan Román dio otro aire a los locales, pero el Submarino se desfondó para mantener la puerta a cero. Sin sustos. Tanto fue así que los dolores musculares comenzaron a aparecer Pablo Íñiguez tuvo que ser sustituido por el vikingo Mellberg. Jonathan Pereira también se adoleció, pero pudo continuar sin problemas. Mientras, tampoco hizo falta mirar hacia Almería, donde la victoria de los rojiblancos dejaba las cosas conforme estaban. Se confirmaba la finalísima de la próxima semana.
Euforia contenida en la grada: aún queda un partido
Moi Gómez pudo marcar el cuarto poco antes del final, pero al final la cuenta quedó en tres. El conjunto amarillo, casi al completo, tuvo que dar una emocionada vuelta de honor al feudo blaugrana. Era el reconocimiento al sufrimiento y la pasión. Habían jugado 10.011 jugadores en el Mini Estadi. Habían padecido y luchado juntos. Comunión nunca vista. El Villarreal, en Segunda, está creando afición. Mientras disfrutaban, todos pensaban ya en la última batalla. Esa que puede devolver al submarino amarillo al lugar desde donde procede, la Primera División.
El fútbol le quitó cruelmente el oro al Villarreal y, un año después, se lo puede devolver. El Madrigal recibirá al Almería, gran oponente para un épico capítulo final. Si el “Bienvenidos al Madrigal” que rezaba una pancarta en el Mini Estadi “amarillo” puso el vello de punta, en unos días la imagen puede ser imborrable en la memoria colectiva grogueta. Pero la historia la escriben los que ganan y, para poder coger la tinta de letras doradas con firme pulso, el Villarreal tiene que bregar 90 minutos más. Solo eso. Poco pero eterno.
Ficha técnica
FC Barcelona B: Oier; Balliu, Edgar Ié, Lombán (Joan Román, 59’), Muniesa; Sergi Roberto, Rafinha, Ilie; Espinosa, Deulofeu (Agostinho Cá, 82’) y Araujo (Dongou, 71’).
Villarreal CF: Juan Carlos; Mario, Musacchio, Pablo Íñiguez (Mellberg, 64’), Jaume Costa; Jonathan Pereira, Bruno, Manu Trigueros, Cani; Uche (Moi Gómez, 18’) y Perbet (Marcos Senna, 77’).
Goles: 0-1, min. 44: Jonathan Pereira. 0-2, min. 52: Bruno. 0-3, min. 55: Perbet.
Árbitro: Santiago Jaime Latre (Comité Aragonés). Amonestó a Araujo por parte del FC Barcelona B (58’) y a Musacchio (18’), Mario (35’), Moi Gómez (67’), Jaume Costa (82’), Mellberg (83’), Marcos Senna (85’) en el caso del Villarreal.
Incidencias: Partido correspondiente a la penúltima jornada (41) de la Liga Adelante ante 13.826 espectadores. Impresionante presencia de aficionados del Villarreal en las gradas del feudo azulgrana con cerca de 10.000 aficionados del conjunto amarillo.