‘La Rojita’ obró en Israel su segundo campeonato de Europa consecutivo después de barrer en juego y resultado a la siempre correosa Italia. Los de Julen Lopetegui bordaron una final en la que deslumbraron Thiago e Isco con un hat-trick y un gol de penalti respectivamente. El mundo entero quedó perplejo ante la calidad y el descaro de unos jugadores que muy pronto seguirán marcando estilo y época con la absoluta.
José Soler Amorós I NOSTRESPORT.COM
‘La Rojita’ rememoró en Israel su segundo campeonato de Europa consecutivo después de barrer en juego y resultado a la siempre correosa Italia. Los de Julen Lopetegui bordaron una final en la que deslumbraron Thiago e Isco con un hat-trick y un gol de penalti respectivamente. El mundo entero quedó perplejo ante la calidad y el descaro de unos jugadores que muy pronto seguirán marcando estilo y leyenda con la absoluta.
La Sub 21 llegaba a la final del europeo enamorando con su fútbol mágico de toque y sin haber encajado un sólo gol. El olfato goleador de Morata, la velocidad de Tello, el desborde de Isco, el talento carioca de Thiago, la estabilidad de Ilarramendi o la templanza de Montoya intimidaban de antemano a la principiante Italia.
Demasiados atributos para la inexperiencia de unos italianos, cuya mayoría militan en equipos de la Serie B, que en ningún momento bajaron los brazos.
Todo arrancó de maravilla para España, que se encontró con un gol a los cinco minutos de partido, gracias a un centro inesperado de Morata que sorprendió a la zaga azzurra y fusiló Thiago a la red.
El futuro de la absoluta conectaba, ilusionaba y agradaba al espectador ante las escasas alternativas del rival. Sin embargo, una relajación defensiva permitió a Immobile controlar un pase lejano de Donati y batir a De Gea por arriba.
Contratiempo positivo
La igualada desató la preocupación en el banquillo español, pero en el terreno de juego los estados de ánimo no reflejaban variantes. El empate de los italianos sirvió de lección. La samba de los astros españoles no cesó, y a ella se unió la presión en campo contrario y la concentración defensiva. Los ingredientes eran perfectos, congeniaron y España empezó a volar sobre el Teddy Stadium de Tel Aviv.
Koke, trabajador como nadie en el centro del campo, actuó de asistente en una jugada que de primeras no presagiaba peligro, pero cuando el receptor es Thiago, el tiempo se detiene y el fútbol gira al son de su imaginación. El jugador del Barça controló con el pecho entre dos defensas y con la zurda batió con suspense al guardameta Bardi.
El segundo gol era esencial. La constancia en los desplazamientos de balón abrían los primeros síntomas de cansancio en el lado contrario. Italia llamaba con fuerza a la puerta del descanso cuando un destemplado Tello utilizó su mejor característica para penetrar en el área y con un recorte provocar la pena máxima. A Thiago le bastó una parte para cuajar una final soñada, con un hat-trick perfecto en el que cabeza, izquierda y derecha intervinieron.
Isco en acción
La segunda parte relajó a los españoles, aunque Isco puso el cuarto y el lazo a su MVP otra vez de penalti, gracias a una internada de Montoya por la banda. A Italia no le quedaba más remedio que lanzarse al ataque. El renovado juego de la ‘azzurra’ se vio trastocado por el posicionamiento serio de ‘La Rojita’ y buscó en los balones colgados la posibilidad de engancharse tímidamente al partido.
Los de Lopetegui pecaron de demasiados toques entre la defensa y el centro del campo, lo que allanó un camino a Borini para adornar el marcador desde la frontal a falta de diez minutos.
El miedo sólo llegó al banquillo español. Resultado y juego estaban en manos de los españoles, que alzaron el segundo Europeo consecutivo imitando a la sub 19 y a los héroes dirigidos por Vicente del Bosque. 6 títulos europeos seguidos en tres categorías diferentes. España marca estilo y sus astros garantizan una década como mínimo para seguir enamorando a todo el planeta.