viernes, septiembre 18, 2026
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Iñigo Pérez encuentra oxígeno en La Rosaleda (1-3)

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El Villarreal remonta al Málaga y logra su ansiada primera victoria de la temporada en un partido que puede marcar un punto de inflexión en un equipo anímicamente necesitado

Ilias Akomach volvió a la titularidad, dio una asistencia y cuajó una gran primera parte. Fuente: Villarreal CF

No había otra opción. Era el momento de ganar. El Villarreal aterrizó en La Rosaleda con cinco jornadas de Liga a sus espaldas, solo dos puntos en el casillero y una sensación cada vez más incómoda alrededor de un proyecto que, pese a las buenas sensaciones mostradas en pretemporada, seguía sin encontrar la forma de sumar una victoria. Esta vez, por fin, el equipo respondió, a pesar de empezar con las mismas dudas de siempre.

Porque durante los primeros veinte minutos volvieron a aparecer los fantasmas que han acompañado al equipo en este arranque. El Villarreal no estuvo cómodo, perdió claridad y permitió que el Málaga creyera en la posibilidad de conseguir su primer triunfo de la temporada. Y mucho más después de que Dotor adelantara al Málaga en los primeros minutos de juego. Era fácil pensar que la dinámica volvía a imponerse. Pero esta vez (y menos mal) no ocurrió.

El Villarreal reaccionó. Y lo hizo cuando más lo necesitaba. Moleiro fue la gran noticia del día en clave amarilla; tras cinco partidos perdido sobre el verde, hoy sí vimos al canario que tanto destacó a las órdenes de Marcelino. De sus botas llegó el empate, tras una buena jugada de Ilias que también estuvo muy fino en la primera mitad. El empate antes del descanso cambió el escenario y la remontada de Pape Gueye terminó de confirmar algo que el equipo llevaba semanas buscando: ser capaz de resistir un momento complicado sin venirse abajo.

Una jugada magistral entre Moleiro y Ayoze acabó por confirmar un jugadón para remontar el 1-0 inicial. Era el 1-2, el gol de la confirmación de que este si era el Villarreal que Iñigo y todos los groguets quieren ver sobre el verde: intensidad, sacrificio y calidad. El técnico había señalado antes del encuentro que el problema del equipo era, en buena medida, mental.

El Villarreal no necesitaba hacer un partido perfecto. Necesitaba competir, mantenerse en pie cuando las cosas no salen y, una vez que consiguió darle la vuelta al marcador, demostrar que también sabe mantener esa ventaja. El Málaga fue muy inferior durante todo el partido, denotando una fragilidad defensiva que el submarino pudo aprovechar, cometió errores, los mismos que el Villarreal ha cometido durante estas jornadas y que tanto le han condenado.

Hasta hoy, cada error del Villarreal parecía tener un peso enorme. Cada gol recibido aumentaba las dudas. Cada partido que se escapaba alimentaba todavía más la sensación de que al equipo le faltaba algo. El equipo castellonense necesitaba cortar esa dinámica antes de que terminara convirtiéndose en un problema mucho mayor que la propia clasificación. Y es que con el gol de Dotor, la cara de Iñigo Pérez era de verse más fuera que dentro del club, porque una derrota hoy podría haber significado una destitución inminente. Pero la remontada aporta confianza, una nueva oportunidad para todos y por qué no, un punto de inflexión.

Aunque eso sí, la victoria no borra las dudas de un plumazo. Tampoco convierte automáticamente en bueno todo lo que se había hecho mal durante estas primeras jornadas. Pero sí ofrece algo que el equipo no tenía: un resultado al que agarrarse. Después de cinco jornadas sin ganar, la dura visita a Dortmund y de una derrota ante el Betis que había aumentado la preocupación por la fragilidad defensiva y la ansiedad del equipo, el Villarreal afrontaba esta semana con la obligación de reaccionar. Y ha reaccionado.

La victoria en Málaga permite al Villarreal respirar, pero también le obliga a aprovechar el impulso. El partido del próximo domingo ante el Levante adquiere ahora otra dimensión. El equipo ya tiene su primera victoria, ha salido del bloqueo y puede afrontar lo que viene desde un escenario diferente. Puede haber cambiado algo fundamental: la sensación de que el equipo estaba condenado a esperar una victoria que nunca llegaba.

Hoy, por fin, llegó. Y llegó con remontada, con carácter y con una respuesta que Íñigo Pérez llevaba semanas reclamando. El Villarreal necesitaba ganar para respirar. En Málaga encontró algo más: una primera oportunidad para volver a creer. A esto hay que aferrarse. Iñigo Pérez ha recogido en La Rosaleda la bombona de oxígeno que parecía que ya era irrecuperable y esa bombona, no la debe soltar ya, mínimo, hasta el parón de selecciones.

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