El submarino amarillo vive en un bucle contra el Sevilla. Tercer partido en diez días, tercera derrota. Coke y Vitolo, en la segunda parte, volvieron a matar la ilusión de un Villarreal frustrado.
El Villarreal volvió a caer, con justicia a pesar de la rabia, ante un Sevilla que le tiene tomada la medida al conjunto de Marcelino. Con la misma táctica que en los dos anteriores encuentros, Emery superó a un equipo negado. El cuadro andaluz marcó en sus únicas dos llegadas en la segunda parte y tras aguantar el chaparrón de un Villarreal que cayó en las mismas trampas tras perdonar.
Césped mojado, rápido. Tarde fría y con lluvia intermitente. En la liga inglesa sería un menú perfecto. En Vila-real supuso una tarde de ambiente helado, con poca gente en la grada y sensación de partido de entrenamiento. Era el día de la marmota -y no porque el invierno se alargara, que también-. El Sevilla venció por tercera vez en diez días a un Villarreal desesperado, que dominó ochenta y ocho minutos y perdió de nuevo. Los visitantes llegaron tres veces. Será mejor que el submarino, ahora desesperado, pase página. Si no, es para estar deprimido. Si hubiera habido diez Sevilla-Villarreal, los de Emery habrían ganado los diez.
Partido anárquico
El encuentro fue divertido, porque de convencional y serio tuvo poco. El submarino se plantó con ganas de venganza y llevó la iniciativa. Incluso trenzó jugadas largas en la frontal hispalense desafiando al césped imprevisible de El Madrigal. El Sevilla se refugió de nuevo en las contras, pero cuando la lluvia ralentizaba la pelota tras el primer impulso rápido, el peligro habitual de los de Emery desaparecía y se sentían incómodos. Como los de blanco no encontraban plan b, el Villarreal continuó haciéndose dueño y señor del partido.
Los de Marcelino asediaron al Sevilla con rabia, con toda la furia posible tras la eliminación de Europa League. Lo sorprendente es que el Sevilla, con usual suerte, salió ileso del bombardeo que se produjo desde el minuto 30 y hasta el descanso. El área sevillista se convirtió en un frontón donde rebotó todo. Sergio Rico no pudo estar mejor protegido, más aún cuando Giovani mandó al poste un trallazo desde el punto de penalti.
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El submarino tuvo hasta cuatro buenas intentonas que se quedaron en nada. El balón, además de la madera, conoció el sabor del lateral de la red y de la línea de gol, desde donde la zaga visitante despejó un chut de Campbell. Pero la primera parte terminó y El Madrigal no pudo cantar el gol que sí mereció.
No había manera con el Sevilla. Y no habría. La primera de la segunda parte, de Coke, fue para dentro. Un Villarreal muy frustrado lo intentó, pero el Sevilla ya había hecho su faena y la sabe hacer muy bien. Los de Emery fueron una roca ante un submarino desesperado, que sabía donde estaba el norte pero que no podía llegar a él. Cuando el Villarreal murió de no tener ninguna idea, Vitolo asestó el segundo y definitivo golpe. El día de la marmota.