domingo, junio 7, 2026
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Surrealismo, caos y desidia amarilla en Zürich (3-2)

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El Villarreal cayó en un encuentro en el que el Zürich le retó a diez minutos de locura. El submarino se dejó engañar y aceptó. Cuando después de ponerse dos veces por delante en dos minutos -goles de Tomás Pina y Gerard Moreno-, el contrario remonta y se coloca por delante, levantar la cabeza fue imposible para los de Marcelino.

Intenten recordar la última vez que vieron cinco goles en diez minutos. Probablemente no puedan. Ahora imaginen que además son tres para uno y dos para el otro. El más difícil todavía. Zürich y Villarreal se enzarzaron en la locura más caótica que el submarino ha vivido en los últimos años. Todo el partido se jugó en diez minutos frenéticos. En el 18, Tomás Pina abría la veda. Tras muchos errores defensivos por parte de ambos y un desorden generalizado que enfurecería a cualquier entrenador, el marcador lució un 3-2 que ya no cambió hasta el final. Un despropósito en el que el Villarreal nunca debería haber incurrido, y que deja la clasificación del grupo al rojo vivo.

La situación de los amarillos era difícil antes del encuentro y, si algo lo puede arreglar, es adelantarte en el electrónico con un gol de tus jugadores más necesitados. En un córner con rosca perfecta botado por Espinosa, Tomás Pina remató a la perfección y todo pintaba bien para los amarillos. Pero… Saque de centro y gol del Zürich. Error gravísimo de Juan Carlos en la salida y se alzó Etoundi, tanque imparable. Un tanto del rival tan solo un minuto después podía haber hecho que el submarino decayese, pero lo que pasó fue lo contrario.

El ritmo del duelo ya era más de fútbol sala que de fútbol en césped y de alto nivel. Con tan solo esos dos primeros goles, ya se intuía que el partido estaba lanzado a eso, al desgobierno. Daba la sensación real de que todo lo que llegara al área iba a ser gol. Y así fue. Gerard Moreno, que a la postre fue el único del Villarreal que se salvó de la quema, avisó con un larguero de rabia. Como aún se quedó con algo de ella contenida, medio minuto después enganchó un centro con la izquierda y fusiló. Otra vez por delante el submarino, otra vez ventaja efímera que, esta vez, sí hundiría a los de Marcelino.

Buff botó una falta lejana que Djimsiti amagó con tocar. Todo esto mientras pasaba por encima de toda la defensa amarilla, que ya para entonces estaba inoperante y en fallida. El balón voló y cayó justo en frente de Juan Carlos, que cometió su segundo error. Un Villarreal que venía de conceder dos goles a balón parado recibía dos más de la misma forma cuatro días después. Si hubiera sido el último aún podía haber habido solución. Pero tengo que emplear de nuevo la palabra «pero».

El Zürich, con el segundo, se envalentonó. Vio definitivamente todo el daño que podía hacer y probó por el único sitio que le faltaba: la banda izquierda de Adrián Marín. Por ahí recibió el premio Chikhaoui, que reinó a su voluntad en todo el territorio los noventa minutos. Su gol le dio la victoria definitiva a su equipo tras esa «guerra a diez minutos» que ambos equipos parecieron acordar. Después de la tormenta perfecta, llegó la calma y rendición del Villarreal. Un momento atrás el marcador estaba 0-0. El espectador estaría tan entretenido como aturdido.

La segunda mitad fue la culminación del mayor despropósito en lo que va de temporada en el conjunto castellonense. Mucho peor que la derrota ante el Valencia. Ni la entrada del gran capitán Bruno por el decepecionante Tomás Pina -lo que pudo ser su partido tras el gol y lo que fue-, ni con la velocidad de Cheryshev, el Villarreal encontró la calma para llegar a puerta. Tan solo un par de acercamientos peligrosos pero aislados en cuarenta y cinco minutos de indecisión. El Zürich ejerció su nacionalidad y manejó el tiempo a la perfección. La calidad de Schönbächler y la simple presencia de Chikhaoui desquiciaron a la defensa amarilla. La telaraña defensiva del técnico Challandes funcionó a la perfección, desarmando la voluntad

Pero aunque el Villarreal hubiera reaccionado y hubiera arrasado en la segunda mitad, la impresión hubiera sido igualmente nefasta. La imagen que dieron los de Marcelino en la primera mitad fue la de un equipo sin norte, desdibujado y con una gran carga de frustración encima. Las rotaciones también fallaron, el submarino sigue en caída libre y necesita algo que le haga reaccionar. En Liga pero ahora también en Europa League. Nada está decidido, y con desidia no se llega a ninguna parte.

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Redacción
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Redacción de nostresport.com Desde el 01/02/2023 informando del deporte de la Comunitat Valenciana

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