Ikechukwu Uche se vistió de etiqueta y ejerció de James Bond para rescatar de su crisis a un Villarreal que necesitaba como el respirar una victoria. Julio Velázquez se sacó de la manga un once impensable.
Pablo Ramón Ochoa | NOSTRESPORT.COM
Ikechukwu Uche se vistió de etiqueta y ejerció de James Bond para rescatar de su crisis a un Villarreal que necesitaba como el respirar una victoria. Julio Velázquez se sacó de la manga un once impensable. Se apostaba el todo por el todo, una derrota le dejaba en muy dudosa posición, pero salió cara. Aunque más que suerte, fue acierto.
El Mirandés llegó con excesivo miedo y el Villarreal estaba sobre aviso. Aprendió la lección el Submarino y vengó la eliminación copera del pasado año. Con dos goles de un estelar Uche, que pudo culminar un hat-trick, y la recuperación del juego que caracteriza al Villarreal. Todas las piezas amarillas se desenvolvieron a la perfección y Bruno volvió al once para poner la seriedad necesaria a un encuentro vital si se quería salir de una situación que rozaba lo crítico. La misión se superó.
No salió el Villarreal buscando la portería rival, pero por suerte se la encontró. Arrancó bien el Mirandés y mereció mantenerse en el partido por más tiempo, pero Uche reventó el saco de la presión amarilla muy pronto.
Primer zarpazo de Uche, el nigeriano comienza a erigir su monumento
Bruno imaginó y dibujó un pase excelso entre los centrales rojillos, que se vieron superados. En la otra parte esperaba Uche que había trazado un invisible desmarque a sus espaldas. Recibió y fusiló con rabia, recuperando ese gol que tanto necesitaban él y el Villarreal. Era solo el principio de una gran tarde en La Plana.
Tanto en el gol como en lo sucesivo del encuentro, se notó decisivamente la presencia de Bruno, ausente los dos últimos encuentros por sanción. El centrocampista de Artana tuvo el segundo gol en un gran cabeceo que se marchó por centímetros de la portería de Goitía a la salida de un córner.
La alegría del Villarreal llegaba gracias a dos vitaminas. Uche se encargó de reclamar a gritos su presencia en el once titular con unas ganas difícilmente igualables. El nigeriano llegaba a todos los balones, estaba en todas las jugadas y pudo sentenciar el partido de no ser por un Goitía inspirado. El otro complejo vitamínico que tomó el Villarreal le quitó unos cuantos años de encima. Y es que la juventud de Moi Gómez le puso otra cara al ataque amarillo. Se reivindicaba Moi con cada internada por la banda, llegando a línea de fondo para colocar balones peligrosos.
Flojo planteamiento del Mirandés
El Mirandés aparecía agazapado y planteaba mal el partido. Sin su jugador franquicia Pablo Infante, el ataque de Pouso yacía inerte, sin valentía. Díaz de Cerio no aprovechó los pocos balones que le llegaron y el equipo al completo pecó de respetar demasiado a un rival al que, hace un año, desquició. Aquél partido de Copa que supuso la destitución de Garrido distó mucho de lo sucedido este sábado. Los de Miranda de Ebro no eran ese equipo incisivo y con la baza de la sorpresa. Dejaron jugar al Villarreal y al final eso sería un factor decisivo.
Se quisieron levantar de su siesta los burgaleses pero el Villarreal no les dejó. Cuando apretaba más el Mirandés, los amarillos reaccionaron sin concesiones. De nuevo, el Villarreal apareció sólido defensivamente y la rápida salida de balón desconcertaba al Mirandés. Julio Velázquez, contento con lo que veía.
La primera mitad acabó con Uche engrandeciéndose por momentos y luchando por el segundo. Hasta dos ocasiones tuvo para ampliar distancias y, en una de ellas, sentó a Caneda para trazar una jugada de las que se enmarcan. La labor de los visitantes se puede resumir en que su primer tiro a puerta del partido llegó en el 45, cuando al filo del descanso el ex amarillo Rayco lanzó a las manos de Mariño.
Uche sentencia con la caña preparada
Tras el descanso inició el Mirandés con muchas más ganas, con la intención clara de buscar la portería de Diego Mariño y queriendo gastar sus balas. O iban a por el partido o morían en el intento. Pero conforme estaba de enchufado el Villarreal, era más probable lo segundo que lo primero.
Cuando le arrebató el balón el Submarino al Mirandés y montó la primera contra de la segunda parte, el equipo rojillo tuvo que pararla en falta en una posición desde la que Senna es letal. Su lanzamiento lo repelió Goitía, pero la potencia lo hizo incontrolable y el rechace cayó a los pies del jugador más inspirado del partido.
Uche es ese tipo de jugador que no conoce términos medios. En la tarde del sábado, todo le salía bien. Se encontró el balón muerto en el área pequeña y, con la espinilla, lo mandó dentro para poner tierra de por medio.
Tras el gol, el conjunto de Pouso lo siguió intentando pero con menos fe. Dos goles eran una losa muy grande para un equipo que todavía no le toma el pulso a la categoría de plata. En una de esas, Mellberg, que acostumbra a dejarse la vida defendiendo, se dejó la rodilla. Truyols salió en su lugar y el sueco se someterá a pruebas para comprobar el alcance de su lesión.
La juventud de Moi Gómez le dio un aire diferente al Villarreal
En la parcela ofensiva, el Submarino redujo su presencia a varios disparos lejanos pero intencionados. Veteranía y juventud en sendos disparos de Senna y Moi Gómez. Goitía logró detenerlos con problemas, pero sobre todo el de Moi hizo aplaudir a una grada que el canterano se había metido en el bolsillo. Sin miedo, Moi se atrevía desde cualquier parte y su descaro a la hora de encarar le augura un gran futuro.
Conforme se acercaba la conclusión, el Villarreal se dedicó a gustarse trenzando ese tipo de jugadas que ni en sueños salían en los últimos tres partidos. Los de Velázquez se habían quitado toda esa tensión y presión que acumulaban y se desmelenaron desplegando un buen fútbol. Llegadas por bandas, combinaciones, impoluta salida de balón. El aficionado debió pensar que así, sí.
Movió fichas Pouso, que agotó los cambios en el minuto 70, pero nada le sirvió. Sólo Alain Arroyo le dio más movilidad a las débiles intentonas burgalesas. El Mirandés estuvo muy lejos de inquietar a un Mariño que cumplió correctamente su papel por segunda semana consecutiva.
A Julio Velázquez le gustaba tanto lo que veía que apuró al último cuarto de hora para agotar sus cambios. El técnico del Villarreal pareció premiar a los jugadores que le habían quitado la soga del cuello en un importantísimo partido. Economizó esfuerzos el Submarino Amarillo poniendo el modo diesel. Por fin podían respirar tranquilos ante un Mirandés que ya había arrojado la toalla y jamás creó peligro.
Uche tuvo el hat trick para redondear su faraónica tarde pero Aitor Blanco, sobre la línea, se lo impidió tras una acción que merecía acabar en gol. Como compensación, el nigeriano recibió un premio que, quizá, fue mayor que el tanto. La grada de El Madrigal se levantó al tiempo para reconocer el trabajo del que, ante el Mirandés, fue el crack del Villarreal. Si a alguien le debe una buena cena Velázquez es a Uche, el Villarreal sonrió hoy gracias a él. (Foto: Villarreal CF)
Ficha técnica
Villarreal CF: Mariño; Javi Venta, Musacchio, Mellberg (Truyols 59’), Jaume Costa; Marcos Senna, Bruno Soriano, Cani (Trigueros ’74), Moi Gómez; Uche, Pandiani.
CD Mirandés: Goitía, Raúl García, Caneda, Aitor Blanco, Iribas; I. Agustín, Soria, Rayco, Cases, Muneta; Díaz de Cerio.
Goles: Uche 1-0 (11’),
Árbitro: José Luis Lesma López (colegio madrileño)
Incidencias: Partido correspondiente a la 11ª jornada de la Liga Adelante, disputado en El Madrigal ante 7.000 espectadores.