viernes, septiembre 18, 2026
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Juan Antonio Cabo, deportista de Trail «La montaña siempre hay que respetarla.»

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Tiempo de lectura: 10 minutos
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El atleta de La Pobla de Farnals, Juan Antonio Cabo Gil, atendió a Nostresport tras completar con éxito la TDS del Ultra Trail del Mont-Blanc, una de las pruebas más exigentes del trail running mundial. Después de recorrer 152 kilómetros y más de 9.000 metros de desnivel en algo más de 36 horas, Cabo Gil regresa no solo con una nueva hazaña deportiva, sino también con el valor simbólico de haber superado un año especialmente significativo en su trayectoria. Con una carrera marcada por la constancia, la resistencia y los retos extremos, el corredor del Club Atletismo Sax comparte su experiencia, su preparación y lo que significa enfrentarse nuevamente a la montaña en uno de los escenarios más icónicos del deporte.

Siendo un deporte no tan conocido, ¿cómo se vive dedicarse a él?

Ha sido algo que ha ido llegando poco a poco. Siempre he hecho deporte. Empecé con el fútbol, luego artes marciales, y el running al principio era más un complemento para coger base, como ocurre en muchos casos. Esa parte se fue uniendo a mi pasión por la montaña. Practiqué escalada deportiva y también alta montaña. El deporte siempre me ha encantado y la montaña igual, lo he disfrutado desde el principio.

Hay muchas formas de hacer deporte y también de disfrutar de la montaña. Cuando encuentras una disciplina que te permite unir ambas cosas, se convierte en una mezcla muy especial. Para algunas personas puede ser una combinación muy exigente, pero en mi caso es donde me siento realmente bien. Ese equilibrio entre el esfuerzo y el entorno es lo que me hace seguir.

Volver al Mont-Blanc un año después de tu accidente no debe haber sido fácil. ¿Con qué sensaciones afrontabas la salida en Courmayeur?

El accidente te hace afrontar la montaña con más respeto. La montaña siempre hay que respetarla, y el problema llega cuando uno se confía demasiado. Cuando pasan cosas que no te gustaría, lo importante es ser capaz de levantarte y seguir adelante. Cuando me puse en la salida de Courmayeur sabía lo que venía por delante. Sabía que podía encontrarme situaciones parecidas a las del año anterior. En Mont Blanc puedes pasar de tener un clima favorable a encontrarte de repente con mal tiempo, en lugares de difícil acceso y comunicación.

Tenía claro lo que había pasado, pero también tenía claro lo que tenía por delante. Había que tenerlo en cuenta, pero seguir adelante y, sobre todo, disfrutarlo. Aprender sin dejar de disfrutar es una parte muy importante de este deporte.

La meteorología fue muy complicada. ¿Cómo afecta correr tantas horas bajo lluvia, frío y terreno resbaladizo?

En este tipo de terreno, y en una carrera tan técnica como la TDS, la lluvia cambia totalmente la forma de correr. Hay que modificar ritmos, porque si corres igual que en seco, aumentas mucho el riesgo. Eso fue precisamente lo que me pasó el año pasado.

En zonas de roca, la peligrosidad es mayor, así que debes saber dónde pisas en cada momento. En las subidas te mojas y ya está, pero en las bajadas es donde está el hándicap real: un mal paso puede ser fatal. Cuando el terreno se transforma en barro, algunas zonas se convierten casi en una pista de patinaje. Ahí hay que bajar el ritmo y priorizar la seguridad. Lo primero en montaña es eso: la seguridad. A nivel competitivo afecta a todos, así que mentalmente también hay que aceptarlo.

La TDS es conocida como la prueba más técnica del Ultra-Trail del Mont-Blanc. ¿En qué momento notaste que esta edición era especialmente dura?

Dentro de las finales del UTMB, esta es la prueba más técnica. La diferencia con otras rutas es el tipo de terreno por el que pasas. Hay zonas que en seco son exigentes, pero en condiciones de humedad y roca se vuelven más difíciles.

Esta edición se notaba más alpina y más cercana al alpinismo que al trail clásico. Es otro tipo de carrera: más técnica, más lenta, más exigente en cada paso. Aun así, si te gusta la montaña, la belleza del entorno compensa todo el esfuerzo.

¿En qué momento notaste que esta edición era especialmente dura?

En esta carrera, dentro de lo que son las finales del UTMB, es la más dura. A nivel mundial se celebran diferentes pruebas, pero las finales son las que se realizan en verano en los Alpes. La clásica del Mont-Blanc, que la he hecho dos veces, sale con unas 2.500 personas y está diseñada para que mucha gente pueda correrla. Los terrenos están más acondicionados, tanto en subida como en bajada, y el nivel técnico no es tan extremo, lo que permite que más participantes puedan afrontarla. Sin embargo, la prueba que he hecho este año pasa por zonas mucho más técnicas y expuestas. El terreno es más complicado y requiere más atención en cada paso.

Más allá de la dificultad física, lo importante también es disfrutar del camino. Si solo te centras en sufrir y en la parte dura, al final lo acabarías dejando. Pero si disfrutas del recorrido, de lo que estás viviendo, es algo que puedes seguir haciendo durante toda tu vida. La motivación es lo que te permite continuar.

¿Qué fue lo primero que sentiste al cruzar la línea de meta?

Durante toda la carrera disfruté mucho. Está claro que sufres, porque la distancia es grande, el desnivel es importante y la dificultad técnica hace que sea más dura todavía. Pero era una prueba que quería vivir. Lo bonito del Mont-Blanc es que la experiencia del corredor durante la montaña es muy especial. Vas pasando por diferentes sitios y paisajes increíbles. Incluso cuando las condiciones son complicadas, esa parte sigue estando ahí. Y cuando llegué a meta, lo que más sentí fue emoción. Era algo que quería conseguir, sobre todo después de lo ocurrido el año anterior. Poder llegar, acabar, y hacerlo bien, fue una sensación muy fuerte.

Esta ha sido tu cuarta participación en las finales del UTMB. ¿Qué diferencia esta edición de las anteriores?

Para mí, esta edición fue especial por la carrera que elegí. En mi primera participación en Mont-Blanc, antes de tomar la salida, vi llegar a los últimos corredores de esta misma carrera. Ya entonces me impresionó lo dura que era.

Después de lo que ocurrió el año pasado, volver y terminar esta prueba tenía un significado distinto. No era solo competir, era cerrar un círculo, volver con respeto, con aprendizaje y con la tranquilidad de saber que podía hacerlo de nuevo. Cada edición tiene algo diferente, pero esta tenía algo especialmente emocional para mí.

Después del accidente de 2024, en el que tuviste que ser hospitalizado, ¿qué ha significado para ti demostrar que podías volver al máximo nivel?

El accidente marca un antes y un después. No solo por la parte física, que al final se recupera, sino por la parte mental. La montaña siempre hay que respetarla y cuando ocurre algo así, lo primero es aceptar que le tienes que tener aún más respeto. Volver no era simplemente volver a competir. Era volver con calma, con cabeza, sabiendo lo que tenía por delante. Tenía claro que era una prueba en la que podía encontrarme situaciones parecidas a las que me llevaron al accidente. Eso estaba ahí y había que asumirlo. Pero a la vez, tenía muchísima ilusión. Quería cerrar ese capítulo no desde la huida, sino desde la confianza. Volver, disfrutar y sentir que realmente estaba preparado para hacerlo.

Terminar la prueba fue muy especial porque significó que todo el trabajo, la paciencia y el aprendizaje habían tenido sentido. Para mí fue una manera de reconciliarme con la montaña, desde el respeto y desde el disfrute.

También has competido en pruebas extremas como la Badwater 135 en el Valle de la Muerte o el Maratón des Sables en el Sáhara. ¿Qué te atrae de este tipo de desafíos?

Cada carrera tiene su encanto, pero estas pruebas extremas tienen algo muy particular. No se trata solo del esfuerzo físico, sino de todo lo que rodea a la experiencia: el entorno, las condiciones, la preparación, la convivencia con los compañeros y con el equipo.

En carreras como Badwater, donde compites con temperaturas superiores a los 50 grados, la estrategia y la gestión son fundamentales. Hay muchísima preparación detrás, desde la alimentación hasta la hidratación y el descanso. Y en el Maratón des Sables, por ejemplo, la autosuficiencia es clave. Llevas contigo lo que vas a necesitar en todas las etapas. Eso hace que el peso, el ritmo y la mentalidad sean totalmente diferentes. Lo que me atrae es el proceso. La aventura. El tipo de experiencia que te obliga a conocerte más, a enfrentarte a tus límites y a aprender de ellos.

En la Badwater participaste con un objetivo solidario, apoyando a la asociación Obrir-se al Món. ¿Qué valor añadido tiene correr por una causa?

Es algo que te da una motivación extra. Cuando compites por algo que va más allá de ti, el esfuerzo tiene un sentido diferente. No estás solo corriendo por un tiempo o una posición, sino por algo que tiene impacto en otras personas.

En Badwater, por ejemplo, el papel de la crew es esencial. Vas con un equipo que está contigo en todo momento, coordinando la hidratación, la alimentación y el apoyo moral. Correr por una causa hace que todo ese esfuerzo compartido tenga todavía más valor. Cuando el cansancio aparece, recuerdas el por qué. Y eso te impulsa a seguir.

Uno de los que ha ganado esta prueba cuatro veces es Kilian Jornet. ¿Qué significa para ti su figura?

Más allá de los resultados deportivos, que está claro que son extraordinarios, hay algo más. Su genética ayuda, sí, pero hay mucha gente con genética similar que no llega a su nivel. La diferencia está en el trabajo que hay detrás.

Él disfruta lo que hace. Para rendir a ese nivel, hacerlo durante tantos años, y seguir motivado, hay que disfrutarlo de verdad. Y eso es algo que transmite y que inspira.

¿Cómo se entrena un valenciano para condiciones de alta montaña, frío, desniveles y largas horas de oscuridad?

Entrenar en la Comunidad Valenciana te obliga a ser más creativo. No tenemos grandes montañas como los Alpes, pero sí tenemos zonas que permiten trabajar desnivel y terreno técnico, como algunas sierras cercanas.

La clave está en estructurar bien la temporada. En los meses más calurosos es complicado entrenar fuerte, así que se trabaja mucho la parte aeróbica y la adaptación progresiva. Cuando se acercan las pruebas de montaña más exigentes, sí intento desplazarme a zonas de más altitud para preparar la parte específica: frío, exposición y largas ascensiones.

También utilizo mucho el entrenamiento cruzado: gimnasio, fuerza, técnica de bajada y sesiones largas que te permiten simular la fatiga. Y por supuesto, hay que trabajar la parte mental, porque saber gestionar el cansancio y las horas de oscuridad es tan importante como la preparación física.

Para todas estas aventuras deportivas que tienes tú, ¿qué papel juega tu familia?

La verdad es que me apoyan en todo esto. Son muy importantes, porque son un empuje, no una piedra en el camino. Me ayudan a poder hacer estas cosas. Muchas veces incluso vienen conmigo. Hay carreras en las que han sido parte clave. Por ejemplo, en Badwater tienes que ir con una crew. En Estados Unidos es muy normal que en este tipo de carreras tengas un pacer, alguien que te ayuda a marcar el ritmo como en una maratón, y además una crew que te prepara la hidratación y la alimentación.

Es importante el apoyo moral. En carreras como Badwater, en el Valle de la Muerte, con temperaturas de más de 50 grados, incluso el hielo se vuelve crítico. La crew tiene que coordinarse, porque ellos también se cansan, duermen poco, van en coche mientras tú corres. Cuando llegas y te reciben con una sonrisa, eso te da energía extra para continuar. Por eso digo que mi familia no solo me apoya, sino que forma parte activa de todo esto, y eso es muy especial.

Juan Antonio Cabo en Marathon des Sables desierto del Sahara. Fuente: Sax

¿Le recomendarías a los niños hacer el deporte que tú practicas?

Sí, se lo recomendaría. Lo más importante es estar motivado. Si quieres hacer algo, hay que poner las piedras necesarias para construirlo, paso a paso, sin intentar correr más de lo debido. Si tienen una meta, deben saber qué pasos necesitan dar y avanzar poco a poco. Yo los apoyaría en esto o en cualquier cosa que quisieran hacer. Estamos para ayudar, no para entorpecer.

¿Cómo es en España ser deportista en un deporte no tan conocido? ¿Crees que estáis infravalorados o maltratados?

Yo no creo que haya infravaloración como tal. Lo que pasa es que hay muchos deportes y disciplinas. Para vivir del deporte necesitas apoyo público o privado. A nivel público están las federaciones, que dan becas y ayudas según sus criterios. Es importante que se apoye sobre todo a la gente que empieza, con escuelas deportivas y programas base.

A nivel privado, muchas empresas buscan retorno de la inversión. Si el deporte no es mediático, es complicado. Cada vez hay más visibilidad, pero profesionalizar algunas disciplinas todavía es difícil porque el retorno es menor. Además, hoy en día el deportista no solo compite: tiene que comunicar, estar presente en medios y redes para poder vivir de ello. Eso también forma parte del deporte ahora.

¿Qué mejorarías de las competiciones en las que has participado?

Siempre hay aspectos organizativos que pueden mejorar. Los recorridos ya sabes a lo que vas, lo que vas a disfrutar más o menos, pero la parte logística sí se puede optimizar. En los últimos años ha aumentado el apoyo de voluntarios, y eso es fundamental. Incluso en pruebas con mucho presupuesto, como la Maratón de Valencia, la labor voluntaria es clave.Cada carrera tiene puntos de mejora, pero eso también forma parte del reto: evolucionar para dar un paso más.

¿Ves posible que el trail sea deporte olímpico a medio plazo?

A corto plazo no, pero a medio plazo podría ser. Ya existen mundiales, pero aún falta repercusión mediática para que se mantenga como disciplina olímpica estable. Si un país organizador quiere incluirlo, podría hacerlo, como ha ocurrido con otros deportes. Pero para estar fijo en el programa olímpico todavía queda camino.

Después de tantos retos, ¿qué te motiva a seguir?

Hay muchas experiencias y pruebas por vivir, en desiertos, montaña, zonas árticas… No es solo el reto deportivo, sino lo que lo rodea: la convivencia, los paisajes, la gente que conoces. Este deporte también se alimenta de lo que compartimos entre nosotros: historias, experiencias, nuevas metas. Siempre hay algo nuevo que descubrir.

¿Tienes ya en mente tu próximo gran desafío?

Sí, quiero hacer una prueba en condiciones de frío. Y me gustaría repetir Badwater por lo especial que fue. A corto plazo, voy al Campeonato del Mundo de 48 horas, en Italia. Es diferente al trail, pero ayuda a reforzar el fondo y la adaptación del cuerpo.

Al escuchar a Juan Antonio Cabo Gil, se comprende que su relación con este deporte no nace de la búsqueda de reconocimiento, sino de una conexión profunda con la montaña y con uno mismo. Cada reto (ya sea en los Alpes, en el desierto o en la carretera infinita del Valle de la Muerte) es un camino personal en el que conviven el esfuerzo, la técnica, la calma y la emoción. No se trata solo de llegar, sino de aprender a estar: saber cuándo avanzar, cuándo contenerse y cuándo observar. En su forma de explicar cada experiencia hay reflexión, respeto y una convicción muy clara: la montaña no se vence, se comparte con ella. Y en esa relación (el hombre frente a la montaña, no para ganarle, sino para entenderla) está el sentido real de su recorrido.

Con el apoyo constante de su familia y de la comunidad deportiva que lo acompaña, Cabo Gil continúa construyendo una trayectoria que se define más por la coherencia que por el resultado. Volver al Mont-Blanc después del accidente no fue un acto de desafío, sino de reconciliación. Y pensar ya en nuevas metas es una extensión natural de su forma de vivir este deporte: con calma, con respeto y con la misma ilusión que lo llevó a empezar. Porque su historia demuestra que, cuando el camino tiene significado, siempre hay un próximo paso.

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Iván Barambones Adarve
Iván Barambones Adarve
Experiencia como redactor en Agente Libre y Nostresport, con enfoque en deportes como fútbol, UFC, baloncesto y motor. He trabajado en la creación de contenido, análisis y cobertura en tiempo real de eventos deportivos, además de realizar entrevistas a protagonistas de primer nivel.

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