domingo, junio 7, 2026
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Puskas, el maestro de la orquesta

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Considerado como uno de los mejores jugadores de su época, Ferenc Puskas deslumbró a propios y extraños en el primer mundial después de la guerra en Europa, en la neutral Suiza donde sonó el más hermoso fútbol como un violín.

Hungria, luego de haber llegado a la final en 1938 y caer ante Francia en la final, volvía en Suiza a deslumbrar al mundo. El equipo denominado «Los violines hungaros» fueron los encargados de la 1era revolución futbolistica, cuatro años antes que Brasil y 20 antes que Holanda.

Los violines eran capaces de ejecutar un ballet de hermoso fútbol, uno de los mejor ejecutados en la historia de los mundiales. Dirigidos por Gusztáv Sebes, Hungría no sólo era Puskas, que estaba tan bien rodeado con estrellas como Sándor Kocsis, Zoltan Czibor y Nándor Hidegkuti. Además venían de una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952 y una racha invicta de 31 partidos incluído un 6-3 a Inglaterra en el mismo Wembley.

Ya en Suiza, fue un festival de goles: 9-0 a Corea del Sur, 8-3 a Alemania Federal, con quien caería insólitamente en la final, tras vencer a los poderosos sudamericanos como Uruguay y Brasil, llegaba a escalón final sin condicionamientos.

La tumba de Wankdorf

Pero tras ir ganando 2-0 con goles de Puskas y Czibor, Alemania Federal, el mismo equipo al que había goleado en la primera ronda, dio una de las remontadas más recordadas de la historia. Max Morlock y Helmut Rahn, en dos ocasiones, le daban la posibilidad para que Fritz Walter levantara la por primera vez en la historia de Alemania, la Copa del Mundo. El equipo de Hernbenger fue a buscarlo con todo el corazón, y los violines ya no pudieron afinar. Un golpe anímico tal del que todavía Hungría no se puede reponer. Para Alemania fue el Milagro de Berna, pero para los violines, su tumba. «Nos mató la confianza y nos envanecieron los elogios», aseguró Puskas.

El Estadio Wankdorf fue el milagro para los teutones, pero la tumba para los violines húngaros. En 1956, estalló la revolución comunista húngara, y el Budapest Honvéd que se encontraba en Viena con muchas figuras de la selección para disputar la Copa de Campeones de Europa. Muchos de los integrantes, incluido Ferenc, decidieron no volver.

De Ferenc a Paco

Ya en el 58 Puskas comenzó a jugar en el Real Madrid, en el cual se convertiría en uno de los ídolos más grandes de la historia merengue junto a Alfredo Di Stefano, ganando entre muchos títulos, tres Copa de Campeones de Europa, una Intercontinental, una Copa Generalísimo y cinco Ligas.

En 1961, y con una vida nueva en España, se nacionalizó y comenzó a jugar para La Roja para jugar el Mundial de Chile 1962, pero su magia no fue la misma. En el 2004, dos años antes de su fallecimiento, la FIFA le otorgó el título de «Máximo goleador del siglo».

«A pesar de haber fallado en la puntada final, ese equipo de Hungría entró en la historia de los más grandes del fútbol mundial Y ese es mi mayor orgullo», dijo la gran figura, de los campeones sin corona que hoy resplandece en las vitrinas de la gloria, con, o sin Copa del Mundo.

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