Ha llegado el día. Es la fecha marcada en rojo desde hace un año, desde que una fatídica noche el Villarreal se hundió en Segunda División. Más de 365 días después, el submarino amarillo salió a flote y volver al cielo del que, según dicen algunos, nunca debió marchar. Venció al duro Almería con un gol de Pereira. Todo Castellón esta de fiesta.
Pablo Ramón Ochoa | NOSTRESPORT.COM
El fútbol le debía una al Villarreal pero el Almería apretaba. Dominaba la contienda y rondaba el tanto. Y apenas había comenzado la segunda parte que dictaminaría qué equipo acompañaría al Elche a Primera División. 42 jornadas y mucho sufrimiento después, toda una temporada se decidía en tres cuartos de hora de máxima tensión. Entonces agarró el esférico Cani, en la línea de centro y escorado a la banda, para inventarse una profunda asistencia que iluminó las 25.000 caras que abarrotaban El Madrigal. Jonathan Pereira, criado en la Ciudad Deportiva, recibió el balón, se acomodó y batió a Esteban. Ahí estaba el gol del ascenso, ese que pasará a la historia del Villarreal y se recordará por muchos, muchos años. El Villarreal ha vuelto a la Liga BBVA un año después de su descenso, lo ha hecho por la puerta grande y quiere volver a ser constelación entre constelaciones.
Desde el gol de Jonathan Pereira hasta el final, el estadio amarillo fue una auténtica fiesta. El Almería de Javi Gracia quiso pero no pudo. Marcelino García Toral, en la grada por sanción, tenía ante sí la culminación de su obra. El técnico asturiano llegó al club a mitad de temporada. Lo cogió noveno y, con un trabajo brillante, lo ha ascendido hacia los cielos. Desde allí, desde el firmamento, estuvo observando el eterno Manolo Preciado, que también hubiese ascendido al Villarreal e hizo fuerza desde dondequiera que estuviese. Que el Villarreal haya tenido éxito esta campaña en Segunda es mérito de todos lo que formaron parte del proyecto del submarino amarillo desde el fatídico día en que el Atlético les mandó al infierno. Y la grada incluida. Hace 390 días lloraron y hoy también. La diferencia, la felicidad incomparable que supone un ascenso.
Esa misma afición vivió el día ilusionada. Se sentía en la pequeña localidad castellonense que era el día que todo volvería a ser como antes. Jamás se había visto tanto color amarillo en Vila-real. Ni en semifinales de Champions League. Todos sabían lo que se jugaban, deportiva y económicamente -la Primera División conllevará un impacto de 30 millones de euros para la ciudad-. Y en esas, entre mareas, sonrisas de confianza y recibimientos al equipo, llegó la hora del encuentro. El día clave. El pitido inicial daba paso a la tensión.
Indecisión mutua en los primeros compases
El Almería debía salir a ganar sí o sí y quizá por eso llevó el peso del choque en los primeros minutos. El Villarreal aguardaba su opción a la contra pero los andaluces frenaban con una gran presión los intentos de avance del submarino. Pero el dominio del Almería era estéril. Ninguna ocasión. Dicen que en las finales hay tanto en juego que a veces resultan ser partidos deslucidos. Y lo de El Madrigal era una finalísima. Mucho nerviosismo y demasiado juego de miradas.
Hacía falta que alguien diera un golpe sobre la mesa para despertar a la grada y ese fue Soriano. El jugador del Almería dio el susto más grande de la tarde a la parroquia grogueta. La mejor ocasión de los de Javi Gracia paralizó los corazones de El Madrigal durante unos instantes. Entre el poste y el vikingo Mellberg despejaron el peligró. El murmullo se escuchó pero el empate, que le valía al Villarreal, continuó. Precisamente eso, que la igualada sirviera, terminó siendo perjudicial para los amarillos, que especularon en exceso en la primera mitad.
Marcelino había apostado por Juanma, casi inédito desde su llegada en invierno, en la banda derecha. El ex del Betis se esforzó, pero desentonó en un ataque del Villarreal que iba al ralentí. Los Perbet, Pereira y Cani no daban más de dos pases seguidos sin que la zaga del Almería, bien colocada, les arrebatara el esférico.
Solo en una ocasión, al borde del descanso, el submarino encontró un resquicio de los rojiblancos. Perbet se marchó pero le faltó velocidad. Tuvo el pase de la muerte para Pereira y se entretuvo. Pellerano salvó antes de que el francés se decidiese. Entretanto sobrevino el descanso, tan rápido que incluso acrecentó la inquietud de un respetable que silbó al árbitro en su retirada a vestuarios. Bikandi Garrido amonestó a Canteros por considerar que se había dejado caer dentro del área mientras El Madrigal reclamaba penalti.
Toda la temporada, a 45 minutos
Cada uno de los 25.000 vivió la relativa calma de quince minutos como pudo. Los indecisos del Villarreal recordaban lo sucedido la pasada campaña y se preparaban para el sufrimiento. Todos, amarillos y rojiblancos, se aferraban al “sí, se puede”. La segunda parte comenzó más movida que la primera. Los oponentes sabían que debían mover ficha en el tablero si querían hacer realidad el sueño de Primera. Restaban 45 minutos definitivos.
Volvió el Almería a advertir de que había ido a Vila-real a por la victoria. Charles esperaba la suya y la medular seguía teniendo la posesión. Los de Gracia aspiraban a todo y no renunciaban a nada. Pero llegó el mazazo local.
Jonathan Pereira pasa a la historia del Villarreal
En el minuto 56 apareció la combinación letal entre Cani y Jonathan Pereira y el guion dio un giro en amarillo. La plaza de ascenso tenía dueño. El equipo de alpinistas del Villarreal, mejor equipo de la segunda vuelta, había puesto la bandera en la cima de la montaña con ese tanto de Pereira. Afición y futbolistas se unieron en comunión y el resto del match fue la previa de lo que acontecería después.
El Almería las tuvo pero la defensa amarilla resguardaba la ventaja con su vida. Los rojiblancos debían hacer dos y la muralla era demasiado alta, más teniendo en cuenta que delante había un Villarreal con hambre de volver a ser grande. La fragancia de Primera ya se olía en El Madrigal, que celebró cada error rival como un triunfo y cada despeje como un título.
A veinte minutos del final, Zongo tuvo la más clara por el Almería pero erró incomprensiblemente. Delante de Juan Carlos, se enredó con la decisión y el tendido respiró de alivio. El mismo Juan Carlos repelió de puños una peligrosa falta botada por Corona desde la frontal. El Almería tuvo en ambas oportunidades el destino del partido, pero dejó escapar la gloria.
Le tocaba disfrutar al Villarreal, que vio cómo el tiempo pasaba e inscribía su nombre de nuevo en la liga de las estrellas. El “som, som, som de Primera Divisió” se comenzó a escuchar en El Madrigal, pero solo en el tramo final y con la entrada de la leyenda Marcos Senna, el estadio al completo celebró el ascenso. El Almería ya no podía remontar y el submarino manejó el tempo en los últimos minutos. Jaume Costa y Senna tuvieron la última para redondear la tarde del ascenso pero ya nada importaba en el campo. La noticia era la fiesta, desatada.
Al fin, el cielo amarillo
Bikandi Garrido señaló el final del choque y el Villarreal se adjudicó juego, set, partido y ascenso. Los amarillos cayeron tendidos a tierra. El esfuerzo de esta campaña ha sido tremendo, valía la pena cerrar los ojos durante dos segundos, volverlos a abrir y ver que todo era real. Que sí. Que por fin el submarino amarillo salía a flote y volvía. El “Tornarem” se convirtió en “hem tornat” y las lágrimas afloraron en una afición que se entregó a los suyos. Un gran Almería, en el bando contrario, quedó abocado a la promoción después de tener en su mano el ascenso directo. Cosas del fútbol, que le dio al Villarreal la alegría que hacía mucho tiempo que le debía.
En una esquina de El Madrigal, alguien hizo la fotografía perfecta de aquella preciosa estampa. En pie, la mitad de Vila-real celebraba el ascenso de los suyos a la Primera División, de donde nunca debió desaparecer. Ha costado, pero la impecable gestión de Fernando Roig ha vuelto a dar sus frutos. El fénix amarillo ha resurgido de sus cenizas para hacerse más fuerte. La temporada en Segunda ha reforzado la afición amarilla y ha hecho darse cuenta a la ciudad de lo importante que era estar en Primera.
Ficha técnica:
-Villarreal CF: Juan Carlos; Mario, Mellberg, Musacchio, Jaume Costa; Juanma (Trigueros, 62’), Bruno, Tito Canteros, Cani; Jonathan Pereira (Marcos Senna, 89’) y Perbet (Gerard Moreno, 74’).
-UD Almería: Esteban; Gunino, Trujillo, Pellerano, Cristian (Carlos Calvo, 77’); Aleix, Berza, Corona (Rubén, 85’), Soriano, Iago Falqué (Jonathan, 56’) y Charles.
-Gol: 1-0, min. 56: Jonathan Pereira.
-Árbitro: Iñaki Vicandi Garrido (Comité Vasco). Amonestó a Tito Canteros (26’), Perbet (64’), Cani (87’), Joan Oriol (88’) y a Corona (77’), Rubén (86’), Pellerano (87’) en el caso del Almería.
-Incidencias: Partido correspondiente a la 42ª y última jornada de la Liga Adelante, disputado en El Madrigal ante 25.000 espectadores. Con la victoria, el Villarreal ascendió a la Liga BBVA.