miércoles, mayo 20, 2026
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Escuchad a Groucho

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«Es mejor permanecer callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente». Esto decía Groucho Marx, uno de los personajes icónicos de la historia del cine. Una lección que muchos deberían aplicarse, sobre todo en esta época de redes sociales en que todo el mundo parece legitimado para expulsar todo tipo de barbaridades sobre todos los ámbitos de la vida.

Gente con la mente tan obtusa que necesita reducir la realidad a tópicos que convierte en dogma sin ir más allá del mero razonamiento superficial. Porque hoy en día todos sentimos la obligación moral de opinar, aún cuando no disponemos de los argumentos necesarios para sostener una opinión válida.

Solo así se explica que haya personas incapaces de reconocer el mérito de los logros europeos del Villarreal. Cada vez que el Submarino consigue algo medianamente importante fuera de nuestras fronteras emergen dos corrientes de pensamiento. De un lado, los que ponen el foco en que un pueblo de 50.000 habitantes haya llegado a codearse con las grandes urbes del panorama internacional. En el contrario, los que no son capaces de ver más allá del dinero de Fernando Roig.

Hay quien cree que una azulejera factura como una petrolera y que el presidente del Villarreal vive como un jeque en su palacio del país de Nunca Jamás. Pobres infelices que buscan en el dinero la razón de todo y son incapaces de ver más allá.

A todos ellos siento decirles que les han robado. Alguien les ha engañado para robarles lo que legítimamente es suyo: el fútbol. Efectivamente, un club de fútbol no es más que su comunidad. Es la comunidad la que le da repercusión, la que atrae patrocinadores, la que llena los campos, la que nutre las canteras… Un club no tiene razón de ser si no hay una afición detrás que celebre sus victorias y llore sus derrotas.

Por eso tiene tanto mérito todo lo que logran los clubes como el Villarreal, que pertenecen a localidades que ni siquiera alcanzan el centenar de habitantes. Comunidades pequeñas sin grandes medios de comunicación propios que amplíen visibilidad al club, sin grandes empresas que inviertan en patrocinios, con menos millonarios con potencial de accionistas…

Cuando un gran jugador, como Pau Torres, emerge de un pueblo es lógico que se le valore en mayor medida. Porque es más sencillo que nazca una estrella entre un millón de personas que entre 100.000, ya no te digo 50.000.

El dinero de Roig es importante, evidentemente. En un deporte profesionalizado es imposible llegar a la élite sin capital. Pero también todo el trabajo que hay detrás de su gestión. Porque mientras unos invierten grandes millones en estrellas del pasado o presente, otros invierten en infraestructuras para el futuro. Porque mientras otros viven por encima de sus posibilidades, otros gastan poco más de lo que ingresan, aún teniendo menos posibilidades.

Si este texto ayuda a un ‘groguet’ a sentirse un poco más orgulloso de su equipo ya habrá cumplido su objetivo. No pretende convencer a nadie, ya que no hay más ignorante que quien se niega a entender. A estas personas solo les voy a pedir una cosa: escuchad a Groucho.

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